¿Practicas la multitarea? Estás exprimiendo tu cerebro de mala manera

No te preocupes, ocúpate.

¿Recuerdas ese anuncio de un coche que a algunos les pareció sumamente estúpido? Ese de “cuando corras, corre. Cuando trabajes, trabaja. Cuando descanses, descansaCuando conduzcas, conduce”. Puede que después de este post lo veas de forma distinta.

Existen muchos monstruos en la sociedad moderna. A algunos de ellos nos los señalan en el telediario como “los malos” y nosotros nos damos por satisfechos. Pero no son, ni de lejos, todos los monstruos que existen.

Hay ciertos monstruos que no ves (estos son los peores) o que incluso están “bien vistos” por la sociedad, aunque al individuo le mine, le anule y le haga sentirse inseguro, insatisfecho e inútil.

Uno de esos monstruos, que ha proliferado en los últimos tiempos a base de móvles de última generación y trabajo online, es la llamada multitarea. O lo que es lo mismo: la capacidad de hacer varias cosas a la vez.

Yo convivía día a día con el monstruo de la multitarea no hace tanto. Pensaba que, haciendo varias cosas a la vez, iba a ser más productiva, más eficaz, más rápida. Y todo eso mola, sobre todo de cara a un trabajo en el que se buscan resultados en el menor tiempo posible.

El problema viene después, cuando te das cuenta que, con tanta tarea simultánea, lo que queda de tu cerebro al final del día es una especie de zumo. Hoy te vengo a contar lo bueno que es hacer una cosa cada vez. 

¿Haces multitarea?

Es probable que nunca te hayas parado a pensar en si tú haces multitarea, porque en realidad la llevas a cabo sin darte cuenta. Pero en realidad es más común de lo que crees y tú también lo haces. Por ejemplo, seguro que casi todos los días, cuando enciendes la tele, te pones a mirar el móvil sin prestar atención al programa o película que están dando. Cuando te pones a trabajar en un proyecto de la Universidad o en una tarea del trabajo o incluso en tu blog, en vez de centrarte al máximo en ello, te dedicas a consultar el mail, a mirar Twitter… Seguro que a veces, cuando hablas con alguien (o más bien, cuando alguien te habla), te pones a pensar en cosas como la lista de la compra o lo que tienes que hacer al día siguiente.

“Hola, soy yo”. Cada día llega y te saluda el monstruo de la multitarea.

Multitarea vs. Una cosa cada vez

Existe un término japonés (ichigo-zammai) que significa “concentración total en un solo acto”. Básicamente, esta práctica habla que es mucho mejor (más productivo y más sano para nosotros) ocuparnos, estar (y ser) en el momento presente cuando realizamos alguna actividad. Y sólo una. Como si aquello en lo que estamos trabajando o lo que estamos haciendo, sea lo único que podemos hacer. Así, cuando uno come, come. Cuando uno hace una tarea concreta, hace sólo esa tarea concreta. Además, este concepto defiende que sólo cuando nos concentramos en una cosa por entero, somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos, de representar nuestra verdadera naturaleza.

Cómo implementar el hábito de hacer una cosa cada vez

Si últimamente sientes que, lejos de conseguir tu objetivo de ser más productivo, rápido y eficaz en lo que haces, la multitarea sólo consigue que acabes agotado, aquí van unos tips rápidos para combatirla y empezar a entrenar el hábito de hacer una cosa cada vez.

  • Establece prioridades: hace un tiempo te hablé de cómo podías ordenar tus prioridades. Realmente hacer una cosa cada vez no significa que vayamos a ser más lentos, sino que le daremos toda nuestra atención a lo que estamos haciendo. Obviamente, esto no quita que no tengamos cientos de cosas que hacer cada día así que lo mejor, será priorizarlas.
  • Cuenta mentalmente: cuando estés trabajando en algo y estés intentando poner tu atención plena en ello, y notes que la mente se te va a otro lado, cuenta hasta diez, y vuelve con tu tarea. Me pasa en el trabajo, cuando estoy haciendo algo y de pronto me salta la notificación de que ha llegado un nuevo mail. Seguro que a ti también te pasa, casi cada día.
  • Realiza anotaciones mentales de cada momento. Intenta sacarle el jugo máximo al momento. Si estás comiendo, esfuérzate por saborear la comida. Si estás trabajando, tómate tu tiempo para estructurar y planificar tus ideas.

 

3 personas que cambiaron de carrera para hacer algo creativo

Olvídalo. Olvida eso que sí tuvieron nuestros padres o sus padres. Tú no vas a empezar a trabajar en una empresa y te vas a jubilar en esa misma compañía. Nuestra generación ha visto cómo esta nueva visión del trabajo cambiaba, ha cambiado con ella. A la fuerza, quizá, pero ahora es nuestra realidad.

Este nuevo aspecto laboral tiene algo malo, la maldita incertidumbre que a muchos nos trae de cabeza, pero tiene algo nuevo: tú lo inventas. Tienes la capacidad de redirigirte, reconducirte y orientarte hacia algo que te guste más, que te motive más, que te deje crecer más.

El trabajo es necesario, nadie puede negarlo. Con lo que ganas trabajando, es con lo que pagas las facturas o con lo que inviertes en viajes, ocio o formación. Pero es necesario que, si al menos no es tu trabajo ideal, completes tu vida con cosas que sí sean ideales para ti. Que te hagan sentir feliz y productivo y apasionado. Que saquen lo mejor de ti, que te ayuden a sacar tu potencial y lanzarlo al mundo.

No quiero que dejes tu trabajo. Quiero que busques otro si es que en el que estás no te gusta o que busques como crecer en el actual, si es que hay posibilidades, pero que no te estanques. No tengas miedo porque en las noticias digan que la cosa está fatal. Tienes la oportunidad de redirigir tu carrera, de empezar de nuevo, de orientarte hacia aquello que quieras hacer. El miedo no cabe en este planteamiento.

Hoy te traigo 3 ejemplos de personas que cambiaron su carrera por la creatividad. Espero que te inspiren, en cualquier medida, ya sea en reorientar tu carrera hacia nuevos horizontes o en completar tu tiempo con cosas que te llenen y te apasionen. Recuerda que siempre puedes darle la vuelta a la tortilla.

1. Brandon Stanton

Brandon nació en 1984 y se crió en Atlanta. Se especializó en Historia por la Universidad de Georgia y trabajó durante años en finanzas, vendiendo y comprando bonos. Cuando perdió su trabajo decidió dedicarse a su gran pasión, la fotografía, a tiempo completo. Se trasladó a Nueva York, donde se propuso fotografiar a 10.000 neoyorkinos y hacer con sus retratos un mapa de la ciudad. Sobrevivía a base de cheques de desempleo y pidiendo dinero prestado a familiares. En 2010, subió todas sus fotografías a la página Humans of New York, título que llevaría el libro que publicó en 2013. La popularidad de su página le permitió vender 30.000 copias en preventa. Ha realizado viajes con su cámara a Oriente Medio, Pakistan e Irán y en 2015 fue recibido por el presidente Obama. Actualmente tiene más de 18 millones de seguidores en Facebook y 7 millones en Instagram.

2. David Carson

David Carson era profesor. A principios de los 80 empezó a experimentar con el diseño gráfico y años después, desarrolló un característico estilo por el que más tarde sería conocido como “el padre del grunge”. Fue contratado para diseñar Ray Gun, una revista internacional sobre música y estilo de vida. En 1995 fundó su propio estudio en Nueva York y durante los tres años siguientes trabajó para marcas como Nike, RayBan, Pepsi, Microsoft… A mediados de los 90 publió End of print, un libro que vendió más de 200.000 copias en cinco idiomas diferentes. Su segundo libro, 2nd Sight, fue publicado en 1997 y cambió el modo en el que el mundo vio el diseño gráfico.

3. Giorgio Armani

Poca gente sabe que el famoso diseñador Giorgo Armani empezó la carrera de Medicina en la Universidad de Milán. Dejó su carrera para alistarse en el ejército pero, en 1953 encontró trabajo como escaparatista en unos grandes almacenes. Pasó a convertirse en vendedor de ropa masculina y comenzó a diseñar para la firma Nino Cerruti en 1960. Fundó su empresa, ARMANI, en 1975 y en 2001 fue nombrado el diseñador más exitoso de Italia con una facturación de 1,6 millones de dólares. En 2013, la fortuna personal de Giorgio Armani era de 8,5 millones.

5 cosas en las que estoy trabajando

“Cuando verdaderamente estés en el aquí y el ahora, te sorprenderá lo que puedes hacer, y lo bien que puedes hacerlo”

No suelo estar segura de muchas cosas. Por aquello de que hasta lo más mínimo varía dependiendo de quién lo perciba, o de que las creencias son muy relativas, cada vez doy por hecho o afirmo menos cosas que forman parte de mi hoy, porque puede que mañana ni existan. Una de las cosas de las que sí estoy segura, sin embargo, es del poder que tiene sembrar buenos hábitos en nuestro presente, para ser más felices en el futuro.

Es por esto que me suelo poner metas o suelo trabajar en aspectos de mí misma que quiero mejorar o en cosas que quiero implementar en mi vida, porque sé que en el futuro lo agradeceré. Este tipo de trababjo exige dedicación y a veces no tenemos por qué ser plenamente conscientes de ello, pero si realmente queremos ver resultados, tenemos que estar comprometidos con aquello que queremos conseguir.

Te voy a poner ejemplos de 5 cosas en las que estoy trabajando ahora mismo en mi vida para que, si quieres, tú también te animes a sembrar de algo positivo tu futuro.

1. Estar en el ahora

Suelo ser una persona ansiosa con el futuro. Quizá es porque nos ha tocado vivir una época de incertidumbre o quizá porque nunca podemos estar seguros de qué será de nosotros mañana, pero esa ansiedad por tenerlo todo atado y controlado (incluso las cosas que no han pasado), termina pasando factura. Hay otro tipo de personas, sin embargo, que se anclan al pasado, a los errores que cometió, a aquello que no le salió bien, a una experiencia (mala o buena) que tuvo en su vida. Ninguno de los dos tipos de personas viven por completo su ahora. Yo no lo vivía y ahora estoy trabajando porque sea así. Puede ser una sensación corporal o una actividad que estés realizando. Visualizarla por completo y ser plenamente consciente de ella, sin distracciones, sin más pensamiento que el presente, te harás sentirte menos ansioso y más productivo.

> Recomendación: El guerrero pacífico.

2. Controlar los picos de trabajo

Una de las cosas que nos suceden cuando nos gusta mucho nuestro trabajo, es que somos muy poco conscientes de lo que nos cuesta desconectar. Sin embargo, sea un trabajo que nos apasione o no, desconectar es 100% necesario. Vivir por el trabajo, pensando en el trabajo y trabajando incluso cuando no tienes por qué hacerlo, nos genera cierta dependencia. Pero un buen día te levantas y te das cuenta de que el trabajo no lo es todo y de que tienes que poder hacer otras cosas que no tengan que ver con él, y sólo encuentras vacío que antes llenabas con cosas relacionadas con el trabajo. Controlar esto es sacar todas las tareas adelante, disfrutar de lo que haces porque realmente te gusta, pero a la vez, tener tiempo para la desconexión, para hacer otro tipo de actividades y para sentirte libre y pleno.

3. Menos pensar y más actuar

No me refiero a ir haciendo cosas a lo loco, sin pensar en las consecuencias. Me refiero a que antes, cuando quería hacer algo, me pasaba gran parte del tiempo pensando en cómo lo iba a hacer: planificándolo en vez de haciéndolo. Con esto, la mayor parte de las veces, sólo conseguía retrasar lo que quería hacer y al final, como imaginarás, no llevarlo a cabo nunca. Ahora intento no decir que quiero hacer algo, sino ponerme a ello. Esto puede trasladarse a casi cualquier aspecto, en casi cualquier medida. Prueba.

4. Crear mis propios mantras

Los mantras tienen su origen en la meditación, pero incluso aunque no medites, son una forma muy buena de poner tus intenciones en una frase y repetirla hasta que forme parte de tu identidad. Puede ser una palabra o una frase corta, pero lo más importante es que tenga significado para ti. Una vez que he creado mi mantra, que tengo esa frase cargada de intención, la repito cuando voy conduciendo, cuando me despierto por las mañanas, cuando me estoy arreglando o la tengo escrita en la agenda, puesta un post-it al lado del ordenador o de fondo de pantalla del móvil. ¿Parece una tontería? Puede, pero es una forma muy práctica de hacer tangibles tus intenciones y tus objetivos y dirigir toda tu energía hacia ellos. ¡Pruébalo!

“Sé mejor de lo que eras ayer”

5. Celebrar los pequeños triunfos

Hace unos años estaba viviendo una racha buenísima en mi vida. Me pasó algo malo y de pronto, me di cuenta de que no había disfrutado aquella racha buenísima porque me había quejado muchísimo o me había preocupado demasiado por cosas que, puestas ahora al lado de lo que me había pasado, eran pequeñeces. Desde entonces soy más consciente de las cosas pequeñas, tanto de las que forman parte de mi vida, como de las que logro, por tontas que parezcan. Y si estoy viviendo una racha buena, intento disfrutarla muchísimo. Todavía cuesta no dejarse arrastrar por las complicaciones o molestas pequeñeces del día a día, pero en fin, sigo trabajando en ello.