“Si no cometes errores, es que no lo estás intentando en serio”


Hoy te traigo nueva entrega de nuestros #viernesinspiradores, con la novedad de que no entrevisto a nadie (aunque la próxima entrevista, te prometo, valdrá por dos) y con una cita en el título. ¿Quieres averiguar de quién es? Te dejo todo el post para investigarlo, y te doy la solución al terminar :)

Hoy quería hablarte de los retos, de los cambios, de las cosas nuevas que tenemos que afrontar, cosas a las que nunca pensamos que tendríamos que hacerles frente, pero que un día llegan, se te plantan de cara y ¿ahora qué? ¿Por qué nos cuesta tanto asumir nuevos retos?

asumirnuevosretos

Genealmente las personas tenemos miedo a lo desconocido por defecto. Si hubiera un club de temerosos de la incertidumbre, yo sería la Presidenta. Tememos lo que no nos es familiar porque nos hace salir de nuestra zona de confort y nos obliga a pensar cosas nuevas, a hacer cosas nuevas y a tener incluso ideas nuevas. Salir del estado de comodidad en el que nos situamos gracias a nuestra vida diaria, nuestra rutina, nuestro entorno y nuestra costumbre, es un reto en sí mismo. Por eso, cada vez que llega algo a lo que echarle valor y plantarle cara, nos sentimos paralizados.

Para empezar, cada vez que asumimos algo nuevo, tenemos un pavor horrible al fracaso. Tenemos tanto miedo a fallar que no disfrutamos ni un poco de las cosas buenas que tiene esa nueva sensación que estamos experimentando. Estamos muy pendientes del qué dirán si no lo conseguimos, de qué será de nosotros si erramos, y al final no nos damos cuenta de que estamos hechos a base de errores y aciertos, de caídas y renacimientos. Y lo sé, es muy fácil decirlo pero, ¿te imaginas cómo sería afrontar algo nuevo si no tuviéramos la capacidad de asustarnos ante la posibilidad del fracaso?

Por otro lado, nos puede la pereza y nos hacemos muy cómodos. Estamos tan arropados por nuestra rutina, aunque ésta no nos guste, que no solemos contemplar la posibilidad de experimentar un cambio radical y dar el salto. La estabilidad nos da cierta tranquilidad, pero también nos apalanca en una misma situación que se repite día a día y que, bueno, asumimos como nuestro destino, como algo que nos viene impuesto pero que, en fin, no está tan mal.

Además, muchas de las dudas que tenemos a la hora de afrontar algo nuevo vienen como consecuencia de no creer en nosotros mismos, de no vernos capaces de asumir, hacer, realizar o conseguir algo, de pensar que no valemos para ello o de no ser fieles a nuestras ideas por miedo a que estas no sean lo suficientemente buenas. Nos gusta la sensación de creernos que somos la leche, pero a la hora de la verdad, no es más que una máscara de cartón piedra que nos colocamos para no afrontar que, en el fondo, tenemos un poco de miedo porque no creemos en nuestras posibilidades.

Por lo tanto, ¿qué hay que hacer para intentar ser más efectivos y positivos a la hora de afrontar nuevos retos? Muy simple, negar las tres razones que normalmente nos echan para atrás. De tal modo que:

  • No hay que temer al fracaso. El fracaso forma parte de la vida y si le tenemos miedo no viviremos tranquilos porque, sorpresa, somos humanos y en algún momento fallaremos. Además, los errores tienen la importancia que nosotros le demos y la capacidad de volverse aprendizaje si le damos el enfoque justo, nos reponemos pronto del golpe antes de que nos dé por autocompadecernos y seguimos adelante, intentándolo una vez más. El fracaso se combate con coraje y nos ayuda a darnos cuenta de que no hace falta ser el más valiente para afrontar un reto, sino el que más rápido se reponga de la caída.
  • No nos debe poder la rutina: dejarnos llevar por el día a día, por la costumbre y por la pereza es un error que solemos confundir con la estabilidad. Todo el mundo necesita cierta estabilidad para desarrollar otros aspectos de su vida, pero una cosa es eso y otra encerrarnos en nuestra zona de confort y decidir no salir bajo ningún concepto. ¿Te das cuenta de la cantidad de oportunidades que se pasarían si siempre lo hiciéramos así?
  • Hay que creer más en uno mismo: para que nuestras ideas tengan algún fundamento, para que nuestros proyectos lleguen a buen puerto y para hacer creer a alguien que somos capaces de asumir tal o cual reto, hay que empezar por convencernos a nosotros mismos, por sentirnos capaces de afrontarlo. Y ojo, no hace falta ser un soberbio para ello. El mejor camino es la humildad, que no la falsa modestia, con la que nos enfrentamos día a día a la vida. Siendo conscientes de que podemos fallar, pero disfrutando el camino porque nuestra propia creencia, está en juego.

¿Y tú? ¿Por qué crees que a veces nos cuesta tanto asumir nuevos retos?

Hasta el lunes, almas cándidas :)

 NOTA: La cita del título de este post es de Coleman Hawkins ;)

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