Solos ante una idea


Muchas veces tenemos una idea brillante (o al menos, eso nos parece a nosotros) o tenemos un proyecto en mente. Una idea o un proyecto de los cuales ya hemos empezado a pensar en todos los pasos, ya sentimos que podemos hasta visualizarlos. Creemos estar ante la idea de nuestra vida.

Y entonces viene la parte en la que la compartimos con alguien, o con varias personas, y nos damos cuenta de que estamos solos. Los riesgos, el “y si sale mal“, el “no lo veo” o el “creo que deberías dedicar tu tiempo a otra cosa más productiva“, se vuelven los grandes protagonistas y van haciendo, poco a poco, más pequeñita nuestra idea. ¿Y ahora qué?

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Probablemente terminemos creyendo que nuestra idea no es tan fantástica como nos pareció al principio y ni siquiera empecemos a ejecutarla. Y si lo hacemos, lo más seguro es que nos rindamos a medio camino porque nos sintamos solos ante el peligro y laboriosa tarea de poner la idea en marcha. Porque nunca pensamos que necesitaríamos la aprobación de los demás para hacer algo pero, efectivamente, aquí estamos cuestionándonos aquello que veíamos cristalino, porque algunas personas no lo ven igual de claro que nosotros.

¿Qué hacemos entonces?

1. Rendirnos nunca, desde luego: partamos de la base de que no necesitamos la aprobación de todo el mundo para hacer algo, de que somos seres libres y de que afrontar nuestra idea es una forma de decir “que le den al qué dirán”.

2. Si nadie de tu entorno te apoya, busca apoyos fuera de tu zona de confort: puede que la gente que ha opinado sobre tu idea tenga ciertos prejuicios. Puede que sepan que siempre has sido más bien inconstante o desordenado y que simplemente crean que esta es otra idea que vas a dejar atrás. Puede que incluso te vean tan ilusionado que tengan miedo a que te hagas daño si fracasas, y creen que disuadirte es una forma de protegerte. Intenta comentar tu idea con alguien que no te conozca tanto como tu entorno más próximo, para tener una opinión objetiva de ella.

3. Probar, probar y probar: la vida está hecha a base de ensayos y errores, de los que, de vez en cuando, surge algún acierto. Si nunca pruebas tu idea no sabrás si realmente es factible. Tienes que intentarlo, al menos, para saber si tu visión era la correcta o, por el contrario, las personas que no creen en tu idea están en lo cierto en sus argumentos.

4. Si en el camino te encuentras con un obstáculo, sáltalo: es probable que cuando pensaste por primera vez en tu idea, la visualizaras de una forma demasiado ideal, en la que no existían los fallos ni los posibles tropiezos con los que, una vez con las manos en la masa, te has encontrado. Lo mejor es intentar superar cada obstáculo sin que éste acabe con las ganas de seguir adelante en nuestro empeño.

5. Y si al final fracasas, que nadie te diga que no lo intentaste: fracasar tiene una parte durísima, que es la de aceptar que apostaste fuerte por algo que al final ha salido mal; pero también tiene una parte buena, que es la de aprender de los errores cometidos.

6. Y, por supuesto, sigue teniendo ideas: si tienes una mente creativa, no la fuerces a detenerse por el miedo a fracasar o porque otros no te apoyen. Las ideas son necesarias para que el mundo siga girando.

4 comentarios sobre “Solos ante una idea

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