“Un instante es lo máximo que se puede esperar de la perfección”


Hace tiempo que aprendí que por muy perfecto que intentes que sea/esté/salga algo, jamás será suficiente. Por lo tanto, lo único que obtendrás al aspirar a la perfección, es frustración. Y es que con el tiempo, la vida te enseña que la perfección, como la felicidad, es cuestión de momentos. Así que decidí eliminar la palabra perfección de mi diccionario vital y me propuse hacer, en todo lo que emprendiera, lo mejor que pudiera hacer, dar todo de mí, y si no resultaba ser perfecto, no lamentarme.

perfeccionismo

No me malinterpretes, se puede ser perfeccionista. Es bueno. Está bien tener altas aspiraciones en la vida, ser detallista y minucioso para que todo salga bien. Pero no se puede dejar que esa aptitud en principio positiva, se convierta en una atadura que condene nuestra libertad y limite nuestra creatividad hasta el punto de frustrarla.

Porque aspirar a la perfección de forma constante implica que aquellas personas que desean alcanzarla, no se permitan fallar en nada. Y fallar, ya lo sabemos todos, es tan inevitable como la muerte, como que no vuelva a salir el sol.

Generalmente las personas perfeccionistas tienden a centrarse mucho más en aquello que está mal, en aquello que está torcido, en aquello que no sigue el plan, en aquello que falta; en vez de sentirse satisfechos por aquello que sí está bien, que está recto, que no sigue el plan pero que queda hasta bien y, sobre todo, en aquello que sí que se tiene.

Puedes imaginarte, si te sientes identificado con estas personas que entran en una espiral de perfeccionismo constante, lo que cuesta vivir así. Pues relájate, voy a contarte algo: nada nunca está perfecto. Quítate ese peso de los hombros. Haz todo aquello que puedas siempre, sacando a la luz tu mejor versión y toda tu ilusión, pero deja de cargar con esa enorme losa que es la perfección absoluta, porque no existe.

Te aconsejo que tú también elimines la palabra perfección de tu diccionario. Ya no sólo para aquellas cosas que creas o que emprendes, sino para ti mismo. No intentes ser perfecto, porque hay defectos que forman parte de ti y de quien eres. Puedes intentar mejorarlos, por supuesto, puedes tratar de ser mejor cada día, pero no aspires a ser perfecto. No podrás.

Y además de relajarte, de empezar a mirar la idea de la perfección a través de otro prisma, recuerda:

1. Valora lo que tienes: quizá no sea perfecto, pero forma parte de tu vida.

2. Cree más en ti: quizá nunca nada sea perfecto, pero es posible ser imperfectamente feliz si empiezas a creer en ti.

3. Da lo mejor de ti: para saber que, aunque no es perfecto, diste el 100% y por eso, además, siéntete orgulloso.

4. No busques culpables: a veces culpamos a otros de que algo no sea perfecto o de que ellos no sean perfectos. Quizá si nos paramos a ver la vida desde sus ojos, nos demos cuenta de que es mucho mejor así.

5. Deja de sentirte extremadamente responsable: exigirte a ti mismo está bien, pero permítete cometer errores, permítete fracasar para poder aprender.

Espero que tengas un fin de semana maravillosamente imperfecto.

Hasta el lunes, almas cándidas :)

NOTA: El autor de la cita que da título a este post es Chuck Palahniuk.

4 comentarios sobre ““Un instante es lo máximo que se puede esperar de la perfección”

  1. M (@monvejau)

    Llevo días (aunque a mí me ha parecido semanas) sin leerte. Universidad, trabajo, trabajos grupales… cualquier excusa es buena para decir que no he cumplido ninguno de los proyectos personales que quería llevar a cabo. Supongo que tengo un límite. Pero no quiero rendirme. Por eso estoy aquí. Porque tu blog, tus palabras, no sé, a mí me ayudan.

    Soy perfeccionista, pero antes lo era todavía más. Cumplía todos los puntos que mencionas. No era capaz de valorar lo que tenía porque no era perfecto, culpaba a quienes me exigían sacar la máxima puntuación o ser la chica modelo, tenía miedo de creer en mí misma y en hacer lo que de verdad me gustaba porque no era lo que los demás esperaban de mí y siempre, siempre, siempre me he sentido responsable, no sólo de lo que hago sino de lo que ocurre a mi alrededor.
    Me costó mucho aceptar y aprender que la perfección no existe y que a veces por esforzarme en conseguir ese estadio inexistente, me había perdido muchas cosas por el camino. Ciega, sorda y muda. Pero nunca es tarde para rectificar. Ahora sigo siendo perfeccionista, pero me controlo. Me pongo límites y aunque a veces no consiga ser la mejor, sí que me siento orgullosa de mí misma por haberlo intentado y por haberme esforzado.

    Un saludo.

    1. Lorena White

      Lo mejor que se le puede decir a alguien que escribe para orientar a otros, es que sus palabras ayudan. Así que muchas gracias :)

      Yo también era súper perfeccionista antes, hasta que me di cuenta que avanzaba mucho menos de lo que lo haría, si me relajaba un poco y pensaba en que lo importante no era hacerlo perfecto, sino poner lo mejor de mí.

      ¡Un abrazo!

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