Por qué elegir improvisar


Este domingo conté en la newsletter a los suscriptores de la comunidad, que el día en que a Edison se le incendió el laboratorio de inventos, con muchos, muchos años de trabajo y esfuerzo dentro, él sólo les dijo a sus hijos que corrieran a llamar a su madre, porque ella jamás iba a ver un fuego igual. Y que después de decir que a sus 67 años todavía no era tarde para empezar de cero, volvió a reconstruir su laboratorio y todavía trabajó durante 17 años más.

Les conté esta historia porque cuando hace unos días, la memoria externa en la que guardaba todo lo relacionado con mi blog pasó a mejor vida (conteniendo en su interior desde el calendario editorial hasta las imágenes que ya tenía editadas, pasando por listas y listas de ideas o por otros proyectos que ya casi estaban por acabar) me sentí un poco como Edison, solo que al principio, un poco tentada de mandarlo todo al carajo.

Por suerte no lo mandé, pensé que había sido una forma un poco radical de hacer limpieza, que nunca está mal del todo, y que quizá podía convertir aquella faena en la excusa perfecta para comenzar de nuevo yo también. Eso sí, me ha tocado hacer memoria, inventar ideas nuevas y, al fin y al cabo, improvisar (lo que, por cierto, con un calor como éste, no se me hace nada fácil. Qué le voy a hacer, me gusta más trabajar con una mantita y un café, que pegajosa, semidesnuda y derritiéndome).

justoalreves

Hoy, con la lección aprendida y el disgusto asimilado, puedo contarte lo que te venía a contar. Creo que a mí, que en los temas que conciernen al blog soy bastante especialita planificándolo todo al milímetro, me ha venido bien verme forzada a improvisar algo para que el show continúe. Y quizá a ti no te pase algo parecido con un blog, pero sí te pase con cualquier otra cosa que creías controlada, hasta que de pronto se tuerce y te ves en la obligación de improvisar, como he hecho yo. Por eso hoy te traigo 5 cosas que puedes hacer cuando algo sale justo al revés de como planeaste. Espero que te ayude ;)

1. Para empezar, tómatelo con filosofía

El primer arranque cuando algo que tenías medido al milímetro se va al traste, y te da en las narices demostrándote que eres humano y que a ti también te pasan cosas de estas, es enrabietarte, enfadarte, frustrarte y, en ocasiones, tener ganas de interpretarlo como la señal inequívoca de que debes mandarlo todo a la mierda. Es una forma de reaccionar totalmente comprensible y normal, pero una vez pasada esa primera fase, intenta ayudar a tu mente a pensar con frialdad: no es lo más grave que podría haberte ocurrido y seguro  que, si la buscas, hay una solución, ¿verdad?

2. Menos lamentarte y más ponerte manos a la obra

Empezar algo de nuevo, reempezarlo, tener que repetir la mayoría de las fases por las que has pasado ya, no resulta en absoluto motivador. Sin embargo, si quieres realmente llegar a algún sitio, tienes que hacerte a la idea de que, una de las cosas que tiene volver a intentarlo, es precisamente el “volver”. Y tienes dos opciones: empezar cuanto antes, o seguir lamentándote y no hacerlo nunca.

3. Toca improvisar:

Cuando rehaces algo es más que probable que el resultado no sea igual a lo que tenías en un principio. De ti y de tu capacidad para improvisar y adaptarte, depende que vale, no será igual, pero sí que puede ser mucho mejor ;) Puedes aprender de los errores del pasado, de los aciertos o recordar aquellas cosas que sabes que salieron bien en un momento dado, y que ahora puedes volver a aplicar en una versión mejorada de sí mismo. Improvisa y no tengas miedo a experimentar.

4. No le tengas miedo al plan B:

La semana pasada veíamos lo importante que era saber detectar cuando el plan A no está saliendo bien y nos toca pasar al plan B. En la situación que te planteo hoy, nos vemos obligados a trazar un plan B de forma involuntaria. Y sí, hay que asumir que, a veces estas cosas pasan. Y que no ocurre absolutamente nada.

5. Aprende del caos:

Como veíamos en la entrada sobre hacer limpieza vital, toda limpieza que se precie empieza con un bonito caos. Ponte en la situación de estar, como yo, ante el caos de haber perdido todo aquello que tenías programado, guardado y almacenado a bien recaudo, y después llámalo por su nombre: lo que lo tenías era todo controlado, pero lo bueno es que seguro, has aprendido a que no siempre se puede tener todo controlado y que a veces, en este tipo de situaciones, está la excusa (o la oportunidad) perfecta, para poder empezar con un comienzo diferente.

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Un comentario sobre “Por qué elegir improvisar

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