Cómo perseguir tu vocación por encima de todo


¿Qué eres cuando no sabes qué quieres ser? Creo que una de las cosas más difíciles que hacemos, porque a la vez es la que más implicaciones tiene para nuestro futuro (y a los humanos nos asusta de forma inevitable pensar en el futuro, porque no existe, porque es pura incertidumbre) es decidir, precisamente, sobre nuestro futuro. Decidir qué queremos ser, qué huella nos gustaría dejar en el mundo, cómo nos gustaría vernos dentro de diez años o cómo nos gustaría que nos recordaran.

Y sin embargo, todos pasamos por ello. Hacemos elecciones, quizá no todas muy acertadas, e intentamos guiarnos por nuestra vocación, por eso que siempre nos ha llamado la atención, por eso que nos gusta porque nos sentimos (o creemos que nos sentiremos) cómodos dedicándonos a ello. En parte comodidad, en parte pasión, nuestra vocación es algo que, de atrevernos a seguirla, nos marcará el camino a seguir, aunque ese camino no sea precisamente “un camino de rosas”.

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1. Qué es la vocación y por qué la tienes (aunque no lo sepas todavía)

La RAE define como principal acepción de “vocación” la de “inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de religión“. Más adelante, encontramos que también es una “inclinación a cualquier estado, profesión o carrera“. Y es que si la vocación pudiera elegirse, seguro que se trataría de un proceso más bien místico pero, en realidad, la vocación no se elige. La vocación es algo que se tiene.

Otra cosa es que tú no la hayas descubierto todavía.

Soy defensora de la idea de que todo el mundo tiene un talento para algo. No tiene por qué ser precisamente un talento creativo, pero sí que hay algo que puede hacer a una persona destacar en un ámbito determinado. Algo que, potenciándolo, puede hacer que esa persona dé todo lo mejor de sí y consiga buenos resultados. También creo que todo el mundo tiene una vocación. Por ejemplo, cuando de niños siempre teníamos una respuesta fija a la pregunta: “¿Qué quieres ser de mayor?”.

Aunque es verdad, eso no cuenta porque esas profesiones que ansiábamos podían o no ser nuestra verdadera vocación, porque tampoco sabíamos exactamente qué se nos daría mejor en el futuro o qué nos gustaría más. Pero no me negaréis, que algunos que siempre fuimos de ideas fijas, acertamos a pesar de ser niños, ¿no?

2. Cara a cara con la realidad

Es cierto. Ya no somos niños. Muchos estamos completamente inmersos en el mundo real, en la vida tan dura que nos describían cuando nos decían que “ahí fuera las cosas no son como en casa“. Muchos de nosotros hemos aparcado nuestras vocaciones por un trabajo que nos genera ingresos de los que vivir y sólo unos pocos son afortunados por tener trabajo y vocación todo en uno. Pero es que en realidad, la vocación no es aquello que uno se plantea estudiar. La vocación es responder a la pregunta: “¿Qué quiero ser?“.

Plantéate ese objetivo: respondiendo a la pregunta de qué quieres ser, de qué cambio quieres en el mundo y en tu vida, traza un plan para llegar hasta él, una hoja de ruta con todos los pasos que tienes que dar.

Aunque he de advertirte de algo: existe una inercia, impuesta mucho, muchísimo antes de que tú y yo naciéramos que, si te dejas, te llevará hacia esa vida que se supone que debes tener. La parte menos buena es que, si esa vida no es para ti, será la propia inercia quien se encargue de echarte del sistema y de rechazarte por no encajar. Así que, si no quieres depender de ella para ser lo que tú quieres ser, puedes hacer otra cosa, que es un poco más complicada que dejarte llevar por la corriente, pero que te puede dar buenos resultados (¡y sobre todo hacerte feliz!): persigue aquello que quieras ser, por encima de todo lo demás.

3. Cinco consejos rápidos para perseguir tu vocación:

1. Escoge unos estudios que se aproximen, al menos un poco, a lo que quieres hacer.

2. Sigue formándote a través de libros, películas y la experiencia de otros que ya  dieron el paso antes que tú.

3. Piensa en qué cosas puedes hacer cada día para avanzar un pasito hacia tu verdadero sueño.

4. Que no te importe tener que pasar por sitios que no te interesan, hacer cosas que no te motiven e incluso, aguantar a gente a la que no aguantas. Porque si realmente eres constante, llegarás hasta tu meta.

5. Recuerda que lo importante es mantenerse enfocado y no perder de vista tu objetivo.

Para terminar, te confesaré algo: no sé si es con el destino, pero la vocación, aparte de con el talento y la verdadera pasión, también tiene que ver mucho con aquello que estás llamado a ser incluso antes de que tú mismo lo sepas. Somos personas: debemos hacer cosas, debemos provocar cambios y evolucionar, porque si no, no seríamos humanos, seríamos piedras o helechos. Si sólo tuviéramos que ser espectadores de la vida, como pasajeros en un tren, no tendríamos una mente capacitada para hacer grandes cosas como la que tenemos, ni tampoco un corazón que nos impulse a conseguirlo, cueste lo que cueste.

Plantéate lo que quieres ser. Conócete bien para saber que eso será lo que realmente te llene. Y entonces, sólo entonces, empieza a trazar una ruta a seguir. Tardarás meses o tardarás años pero, ¿te imaginas la de cosas que pueden pasarte por el camino?

En mi opinión, el viaje merece la pena.

3 comentarios sobre “Cómo perseguir tu vocación por encima de todo

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