Lo que he aprendido sobre el amor propio


“Quererte a ti mismo exige una práctica diaria”.

Una vez leí que las personas somos una mezcla de 4 cosas: nuestros miedos, nuestros sueños, la opinión de nuestro entorno y nuestra propia opinión sobre nosotros mismos. Lo que ocurre es que, en la mayoría de personas, el equilibrio estos 4 aspectos no es perfecto y siempre 2 de ellos suelen pesar más que los otros dos:

  • SUEÑOS-OPINIÓN PROPIA: así, si para alguien los dos aspectos fuertes son sus sueños y la opinión sobre sí mismos, es probable que tengan una personalidad fuerte y que su autoestima sea fuerte también. Esto, sin duda, ayuda a que puedan enfrentarse a sus miedos y las opiniones de su entorno sin sufrir.
  • MIEDOS-OPINIÓN DEL ENTORNO: sin embargo, para otras personas los dos aspectos fuertes son sus miedos y la opinión de su entorno, por lo que es probable que dependan más de la aprobación de los demás y en ocasiones, pesen más sus miedos sobre sus sueños. Eso hace que, muchas veces, la opinión que tienen sobre sí mismos no sea todo lo positiva que debería.

Yo no sé de qué estamos hechos

Poco a poco he ido aprendiendo cosas sobre el amor propio. Cuando alguien lo practica mal, solemos decir que es un engreído o que “está encantado de conocerse”. Bien practicado, sin embargo, es algo muy diferente.

Yo no sé de qué estamos hechos, pero sí estoy segura de que son más de 4 cosas. Las personas tenemos tantos matices, escondrijos, huecos y parcelas que ni siquiera nosotros mismos conocemos, que es imposible definirnos por medio de un planteamiento tan práctico (sí) como simple.

Gente brillante que no sabe que lo es

Seguro que tú, como yo, lo ves todos los días: gente brillante que va por la vida como si no lo fuera, sin darse apenas cuenta de todo lo que tienen para ofrecer. Podrían tener el mundo en sus manos, pero tienen demasiado miedo o simplemente no se creen merecedores de ello.

¿Sabes una cosa? Todos somos esa gente.

Lo somos en ese momento en el que pensamos que no somos suficiente. Y desde ese momento hasta el punto en el que odiamos cada cosa que hacemos, o que pensamos que todo nos sale mal porque, simplemente, no valemos, hay un paso. Es un paso pequeño, mucho más pequeño de lo que imaginamos.

El amor propio se practica

Suerte, sin embargo, que contrario al automachaque existe el amor propio. No sé qué entiendes tú por amor propio pero yo he aprendido que no tiene mucho que entender más que lo que dice: es amor por uno mismo. Es el amor que todos deberíamos sentir por nosotros mismos y, como consecuencia del amor están el respeto o la confianza.

Piensa en cómo ves a una persona cuando te enamoras de ella. Así es como deberías verte a ti cada día. Claro que esto no es cosa de decir “Hoy me voy a querer mucho” y simplemente hacerlo. Es una tarea diaria. Diferentes formas de demostrarte a ti mismo que no sólo eres más que suficiente, sino que te mereces todo lo bueno que te pase.

“Ponte a ti mismo en lo alto de tu lista de cosas por hacer cada día y el resto caerá en su lugar”

Si has leído hasta aquí (lo sé, he vuelto mucho más filosófica de lo que me fui), te has ganado estos 5 tips para practicar el amor propio:

  1. Deja ir la culpa: sea lo que sea lo que te haya llevado hasta el punto en el que estás ahora, y más si todo se debe a una sucesión de errores que has cometido (lo que tu madre puede llegar a llamar “por tu mala cabeza”), deja ir la culpabilidad. Mañana empieza de cero.
  2. Deja que opinen: no vas a poder evitar que los demás, ya sean personas de tu entorno o (¡gracias Internet!) completos desconocidos, opinen sobre ti, sobre lo que haces o sobre tu trabajo (sobre todo si te expones en un blog o en un vídeo, etc). Pero lo que sí puedes evitar es que las opiniones te golpeen. Y digo te golpeen porque a veces está bien que te rocen (sobre todo si son constructivas).
  3. Ten un propósito: la mejor manera de quererte es querer hacer cosas con tu vida, tener objetivos, tener propósitos y trabajar por conseguirlos. Tienes un objetivo, seguro, quizá lo que te falta sea encontrarlo.
  4. No necesitas probarte: sabes lo que eres. Puede que hayas estado perdido un tiempo, pero todos en algún momento nos perdemos. No necesitas probarle a nadie (y mucho menos a ti mismo) quién eres, tus valores o lo que te hace ser especial. Si lo tienes, lo tienes.
  5. No te compares: ni compitas. Si algo he aprendido en este tiempo es que compararnos con los demás sólo nos hace más inestables. Haz lo que sabes hacer, lo mejor que sepas hacerlo, y deja que los demás hagan.

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