5 cosas en las que creo (y en las que tú puedes creer)

“Cuestionar nuestras más arraigadas creencias exige coraje porque implica aceptar que hemos podido estar equivocados toda la vida”

Nuestros mayores dicen que somos una generación de descreídos. Que ya nada nos sorprende lo suficiente, que no nos llena, que nos aburrimos fácilmente de todo, que no creemos en la religión ni en las tradiciones ni en la política. Que por no creer, no creemos ni en nosotros mismos.

Nadie te dice que aquello en lo que hoy crees firmemente, aquello por lo que te cortarías un brazo, mañana puede que no tenga razón de ser en tu vida. No te lo dicen y a medida que creces y evolucionas, tus creencias van cambiando, como cambias tú. Y me refiero a creencias que van más allá de la religión (que es lo que casi todo el mundo entiende por “creer en algo”).

Sin embargo, esto no significa que seamos descreídos. Significa que elegimos en lo que creer a cada momento, porque en ese momento tiene sentido para nosotros. Luego un día despiertas y la vida, que a veces es tan jodida, te enseña que eso en lo que creías puede no ser tan cierto o tan verdadero como tú pensabas. Y entonces te sientes perdido.

Aun con todo, soy de la opinión de que las personas necesitamos creer en algo, aunque sean cosas pequeñas. En mi caso ha sido así: creer en ciertas cosas es lo que me ayuda a seguir adelante si tengo un día de mierda o en poner todas mis ganas cuando quiero conseguir algo. Creer en algo (en la escritura, por ejemplo), es lo que me ha llevado a volver a este blog un año (un año completito, con sus 365 días) después.

Por eso si me preguntas en qué creer hoy en día, en la época en la que todo el mundo parece no creer en nada, te diría que da igual en lo que creas, pero que debes asegurarte de que tus creencias sean lo suficientemente fuertes, como para seguir creyendo en ellas incluso cuando piensas que no tienen ningún sentido. Al fin y al cabo, eso es tener fe. Y se puede tener fe en muchas cosas, ¿a que sí?

Hoy te traigo 5 cosas en las que creo. Hoy te las presto, por si tú no tienes nada en lo que creer (y te animo a que hagas tu propia lista):

1. Creo en mi potencial

Para mi, el potencial de cada uno es aquello que haríamos con todo lo que somos y todo lo que conseguiríamos si trabajáramos en ello y si lo dejáramos crecer y desarrollarse por completo. Creo que no es cuestión de tenerlo o no tenerlo, sino de que todos lo tenemos. Por ello una de mis creencias más sólidas es que sé que, siendo quien soy y haciendo lo que hago, tengo la posibilidad de alcanzar aquello que me proponga. Obviamente, una cosa es creerlo y otra cosa es hacerlo, pero eso casi da para otro post.

2. Creo en el trabajo

Y no me refiero a ese trabajo al que vas todos los días y en el que pasas 8 horas. Me refiero a tu determinación y a tu capacidad para comprometerte con aquello que quieras conseguir, ya sean sueños grandes u objetivos a más corto plazo. Eso de que si quieres algo y lo deseas con mucha fuerza, el universo trabajará para que lo consigas, lo traduzco en que no es el universo el que hace que lo consigas sino tú, con tu compromiso, tu actitud y tu trabajo.

3. Creo en el aprendizaje

No siempre lo ves, pero está ahí. Hasta en tus errores. No sólo aprendes de los que estuvieron antes en tu lugar, como tus padres, sino de tu propia experiencia, buena y mala. El aprendizaje es una de las armas más fuertes que poseemos, una herramienta (mucho más potente de lo que creemos) que nos sirve para seguir avanzando. A esta creencia va ligado un firme propósito: no dejar nunca de aprender cosas nuevas.

4. Creo en el autoconocimiento

En mi anterior etapa en este blog te hablé muchísimo de el autoconocimiento. Después de este tiempo sin escribir por aquí, es algo que no sólo no he desechado de mi vida, sino que he permitido que, lo que al principio era una idea, ahora sea toda una creencia. Cuanto más te conoces a ti mismo (porque no te conoces también como crees), más capaz eres de hacer cosas, de aprender cosas, de lograr cosas. Autconocerse implica hacerse preguntas y que a veces no te gusten las respuestas, pero al final sabes lo que eres y no hay nadie que pueda quitarte eso.

5. Creo en la energía

Llámalo energía o llámalo X. Pero creo que aquello que proyectamos a los demás, se nos devuelve de una u otra forma. Por eso tengo la máxima de “sé la energía que quieres atraer”. Sé lo mejor de ti mismo, da lo mejor de ti mismo, ofrece a los demás lo mejor de ti mismo. Y tarde o temprano, aunque quizá ni siquiera te des cuenta, lo mejor de alguien o lo mejor de algo, te llegará.

Lo que he aprendido sobre el amor propio

“Quererte a ti mismo exige una práctica diaria”.

Una vez leí que las personas somos una mezcla de 4 cosas: nuestros miedos, nuestros sueños, la opinión de nuestro entorno y nuestra propia opinión sobre nosotros mismos. Lo que ocurre es que, en la mayoría de personas, el equilibrio estos 4 aspectos no es perfecto y siempre 2 de ellos suelen pesar más que los otros dos:

  • SUEÑOS-OPINIÓN PROPIA: así, si para alguien los dos aspectos fuertes son sus sueños y la opinión sobre sí mismos, es probable que tengan una personalidad fuerte y que su autoestima sea fuerte también. Esto, sin duda, ayuda a que puedan enfrentarse a sus miedos y las opiniones de su entorno sin sufrir.
  • MIEDOS-OPINIÓN DEL ENTORNO: sin embargo, para otras personas los dos aspectos fuertes son sus miedos y la opinión de su entorno, por lo que es probable que dependan más de la aprobación de los demás y en ocasiones, pesen más sus miedos sobre sus sueños. Eso hace que, muchas veces, la opinión que tienen sobre sí mismos no sea todo lo positiva que debería.

Yo no sé de qué estamos hechos

Poco a poco he ido aprendiendo cosas sobre el amor propio. Cuando alguien lo practica mal, solemos decir que es un engreído o que “está encantado de conocerse”. Bien practicado, sin embargo, es algo muy diferente.

Yo no sé de qué estamos hechos, pero sí estoy segura de que son más de 4 cosas. Las personas tenemos tantos matices, escondrijos, huecos y parcelas que ni siquiera nosotros mismos conocemos, que es imposible definirnos por medio de un planteamiento tan práctico (sí) como simple.

Gente brillante que no sabe que lo es

Seguro que tú, como yo, lo ves todos los días: gente brillante que va por la vida como si no lo fuera, sin darse apenas cuenta de todo lo que tienen para ofrecer. Podrían tener el mundo en sus manos, pero tienen demasiado miedo o simplemente no se creen merecedores de ello.

¿Sabes una cosa? Todos somos esa gente.

Lo somos en ese momento en el que pensamos que no somos suficiente. Y desde ese momento hasta el punto en el que odiamos cada cosa que hacemos, o que pensamos que todo nos sale mal porque, simplemente, no valemos, hay un paso. Es un paso pequeño, mucho más pequeño de lo que imaginamos.

El amor propio se practica

Suerte, sin embargo, que contrario al automachaque existe el amor propio. No sé qué entiendes tú por amor propio pero yo he aprendido que no tiene mucho que entender más que lo que dice: es amor por uno mismo. Es el amor que todos deberíamos sentir por nosotros mismos y, como consecuencia del amor están el respeto o la confianza.

Piensa en cómo ves a una persona cuando te enamoras de ella. Así es como deberías verte a ti cada día. Claro que esto no es cosa de decir “Hoy me voy a querer mucho” y simplemente hacerlo. Es una tarea diaria. Diferentes formas de demostrarte a ti mismo que no sólo eres más que suficiente, sino que te mereces todo lo bueno que te pase.

“Ponte a ti mismo en lo alto de tu lista de cosas por hacer cada día y el resto caerá en su lugar”

Si has leído hasta aquí (lo sé, he vuelto mucho más filosófica de lo que me fui), te has ganado estos 5 tips para practicar el amor propio:

  1. Deja ir la culpa: sea lo que sea lo que te haya llevado hasta el punto en el que estás ahora, y más si todo se debe a una sucesión de errores que has cometido (lo que tu madre puede llegar a llamar “por tu mala cabeza”), deja ir la culpabilidad. Mañana empieza de cero.
  2. Deja que opinen: no vas a poder evitar que los demás, ya sean personas de tu entorno o (¡gracias Internet!) completos desconocidos, opinen sobre ti, sobre lo que haces o sobre tu trabajo (sobre todo si te expones en un blog o en un vídeo, etc). Pero lo que sí puedes evitar es que las opiniones te golpeen. Y digo te golpeen porque a veces está bien que te rocen (sobre todo si son constructivas).
  3. Ten un propósito: la mejor manera de quererte es querer hacer cosas con tu vida, tener objetivos, tener propósitos y trabajar por conseguirlos. Tienes un objetivo, seguro, quizá lo que te falta sea encontrarlo.
  4. No necesitas probarte: sabes lo que eres. Puede que hayas estado perdido un tiempo, pero todos en algún momento nos perdemos. No necesitas probarle a nadie (y mucho menos a ti mismo) quién eres, tus valores o lo que te hace ser especial. Si lo tienes, lo tienes.
  5. No te compares: ni compitas. Si algo he aprendido en este tiempo es que compararnos con los demás sólo nos hace más inestables. Haz lo que sabes hacer, lo mejor que sepas hacerlo, y deja que los demás hagan.

He vuelto (sobre los parones y los blogs)

Nunca me había ido tanto tiempo. Y menos sin avisar.

Hace justo un año, hubo varios cambios en mi vida, y todos sucedieron más o menos a la vez. Nunca me planteé dejar de escribir en el blog, pero por diferentes razones que apenas ya recuerdo dejé de hacerlo. Fui alargando el momento de regresar, y lo alargué tanto que casi no vuelvo.

Casi.

La cosa es que aquí estoy, varios cambios y experiencias después. No ha sido un año muy productivo a nivel de escritura, pero ha sido un año realmente feliz. Parecía que todos los astros se habían alineado y que, mientras los meses pasaban, yo ya no tenía la sensación de que me faltara nada. Pero sí que me faltaba algo.

De eso, claro, me di cuenta hace unos días, cuando una amiga me dijo que había estado leyendo mi blog y que se había animado a abrir uno. Recordé la sensación que uno tiene cuando abre un blog por primera vez, cuando lo alimenta en el día a día, cuando lo ve crecer. Y joder, recordé que a mí me apasionaba hacer lo que hacía.

Y el vacío, ése que yo no había notado, pero que jamás se había ido, se dejó ver.

Llevo unas cuantas semanas releyendo todo lo que solía escribir por aquí. Pensé en abrir un blog de cero, pero me di cuenta que no quería escribir sobre otra cosa. Que el contenido que había aquí me seguía representando, seguía siendo lo que yo quería escribir, y que no tenía por qué cambiarlo.

Faltan muchas cosas por organizar, pero si te apetece quedarte y ver hasta donde llegamos, te doy la bienvenida.

Otra vez.

Feliz regreso,

L.