5 cosas en las que estoy trabajando

“Cuando verdaderamente estés en el aquí y el ahora, te sorprenderá lo que puedes hacer, y lo bien que puedes hacerlo”

No suelo estar segura de muchas cosas. Por aquello de que hasta lo más mínimo varía dependiendo de quién lo perciba, o de que las creencias son muy relativas, cada vez doy por hecho o afirmo menos cosas que forman parte de mi hoy, porque puede que mañana ni existan. Una de las cosas de las que sí estoy segura, sin embargo, es del poder que tiene sembrar buenos hábitos en nuestro presente, para ser más felices en el futuro.

Es por esto que me suelo poner metas o suelo trabajar en aspectos de mí misma que quiero mejorar o en cosas que quiero implementar en mi vida, porque sé que en el futuro lo agradeceré. Este tipo de trababjo exige dedicación y a veces no tenemos por qué ser plenamente conscientes de ello, pero si realmente queremos ver resultados, tenemos que estar comprometidos con aquello que queremos conseguir.

Te voy a poner ejemplos de 5 cosas en las que estoy trabajando ahora mismo en mi vida para que, si quieres, tú también te animes a sembrar de algo positivo tu futuro.

1. Estar en el ahora

Suelo ser una persona ansiosa con el futuro. Quizá es porque nos ha tocado vivir una época de incertidumbre o quizá porque nunca podemos estar seguros de qué será de nosotros mañana, pero esa ansiedad por tenerlo todo atado y controlado (incluso las cosas que no han pasado), termina pasando factura. Hay otro tipo de personas, sin embargo, que se anclan al pasado, a los errores que cometió, a aquello que no le salió bien, a una experiencia (mala o buena) que tuvo en su vida. Ninguno de los dos tipos de personas viven por completo su ahora. Yo no lo vivía y ahora estoy trabajando porque sea así. Puede ser una sensación corporal o una actividad que estés realizando. Visualizarla por completo y ser plenamente consciente de ella, sin distracciones, sin más pensamiento que el presente, te harás sentirte menos ansioso y más productivo.

> Recomendación: El guerrero pacífico.

2. Controlar los picos de trabajo

Una de las cosas que nos suceden cuando nos gusta mucho nuestro trabajo, es que somos muy poco conscientes de lo que nos cuesta desconectar. Sin embargo, sea un trabajo que nos apasione o no, desconectar es 100% necesario. Vivir por el trabajo, pensando en el trabajo y trabajando incluso cuando no tienes por qué hacerlo, nos genera cierta dependencia. Pero un buen día te levantas y te das cuenta de que el trabajo no lo es todo y de que tienes que poder hacer otras cosas que no tengan que ver con él, y sólo encuentras vacío que antes llenabas con cosas relacionadas con el trabajo. Controlar esto es sacar todas las tareas adelante, disfrutar de lo que haces porque realmente te gusta, pero a la vez, tener tiempo para la desconexión, para hacer otro tipo de actividades y para sentirte libre y pleno.

3. Menos pensar y más actuar

No me refiero a ir haciendo cosas a lo loco, sin pensar en las consecuencias. Me refiero a que antes, cuando quería hacer algo, me pasaba gran parte del tiempo pensando en cómo lo iba a hacer: planificándolo en vez de haciéndolo. Con esto, la mayor parte de las veces, sólo conseguía retrasar lo que quería hacer y al final, como imaginarás, no llevarlo a cabo nunca. Ahora intento no decir que quiero hacer algo, sino ponerme a ello. Esto puede trasladarse a casi cualquier aspecto, en casi cualquier medida. Prueba.

4. Crear mis propios mantras

Los mantras tienen su origen en la meditación, pero incluso aunque no medites, son una forma muy buena de poner tus intenciones en una frase y repetirla hasta que forme parte de tu identidad. Puede ser una palabra o una frase corta, pero lo más importante es que tenga significado para ti. Una vez que he creado mi mantra, que tengo esa frase cargada de intención, la repito cuando voy conduciendo, cuando me despierto por las mañanas, cuando me estoy arreglando o la tengo escrita en la agenda, puesta un post-it al lado del ordenador o de fondo de pantalla del móvil. ¿Parece una tontería? Puede, pero es una forma muy práctica de hacer tangibles tus intenciones y tus objetivos y dirigir toda tu energía hacia ellos. ¡Pruébalo!

“Sé mejor de lo que eras ayer”

5. Celebrar los pequeños triunfos

Hace unos años estaba viviendo una racha buenísima en mi vida. Me pasó algo malo y de pronto, me di cuenta de que no había disfrutado aquella racha buenísima porque me había quejado muchísimo o me había preocupado demasiado por cosas que, puestas ahora al lado de lo que me había pasado, eran pequeñeces. Desde entonces soy más consciente de las cosas pequeñas, tanto de las que forman parte de mi vida, como de las que logro, por tontas que parezcan. Y si estoy viviendo una racha buena, intento disfrutarla muchísimo. Todavía cuesta no dejarse arrastrar por las complicaciones o molestas pequeñeces del día a día, pero en fin, sigo trabajando en ello.

5 cosas en las que creo (y en las que tú puedes creer)

“Cuestionar nuestras más arraigadas creencias exige coraje porque implica aceptar que hemos podido estar equivocados toda la vida”

Nuestros mayores dicen que somos una generación de descreídos. Que ya nada nos sorprende lo suficiente, que no nos llena, que nos aburrimos fácilmente de todo, que no creemos en la religión ni en las tradiciones ni en la política. Que por no creer, no creemos ni en nosotros mismos.

Nadie te dice que aquello en lo que hoy crees firmemente, aquello por lo que te cortarías un brazo, mañana puede que no tenga razón de ser en tu vida. No te lo dicen y a medida que creces y evolucionas, tus creencias van cambiando, como cambias tú. Y me refiero a creencias que van más allá de la religión (que es lo que casi todo el mundo entiende por “creer en algo”).

Sin embargo, esto no significa que seamos descreídos. Significa que elegimos en lo que creer a cada momento, porque en ese momento tiene sentido para nosotros. Luego un día despiertas y la vida, que a veces es tan jodida, te enseña que eso en lo que creías puede no ser tan cierto o tan verdadero como tú pensabas. Y entonces te sientes perdido.

Aun con todo, soy de la opinión de que las personas necesitamos creer en algo, aunque sean cosas pequeñas. En mi caso ha sido así: creer en ciertas cosas es lo que me ayuda a seguir adelante si tengo un día de mierda o en poner todas mis ganas cuando quiero conseguir algo. Creer en algo (en la escritura, por ejemplo), es lo que me ha llevado a volver a este blog un año (un año completito, con sus 365 días) después.

Por eso si me preguntas en qué creer hoy en día, en la época en la que todo el mundo parece no creer en nada, te diría que da igual en lo que creas, pero que debes asegurarte de que tus creencias sean lo suficientemente fuertes, como para seguir creyendo en ellas incluso cuando piensas que no tienen ningún sentido. Al fin y al cabo, eso es tener fe. Y se puede tener fe en muchas cosas, ¿a que sí?

Hoy te traigo 5 cosas en las que creo. Hoy te las presto, por si tú no tienes nada en lo que creer (y te animo a que hagas tu propia lista):

1. Creo en mi potencial

Para mi, el potencial de cada uno es aquello que haríamos con todo lo que somos y todo lo que conseguiríamos si trabajáramos en ello y si lo dejáramos crecer y desarrollarse por completo. Creo que no es cuestión de tenerlo o no tenerlo, sino de que todos lo tenemos. Por ello una de mis creencias más sólidas es que sé que, siendo quien soy y haciendo lo que hago, tengo la posibilidad de alcanzar aquello que me proponga. Obviamente, una cosa es creerlo y otra cosa es hacerlo, pero eso casi da para otro post.

2. Creo en el trabajo

Y no me refiero a ese trabajo al que vas todos los días y en el que pasas 8 horas. Me refiero a tu determinación y a tu capacidad para comprometerte con aquello que quieras conseguir, ya sean sueños grandes u objetivos a más corto plazo. Eso de que si quieres algo y lo deseas con mucha fuerza, el universo trabajará para que lo consigas, lo traduzco en que no es el universo el que hace que lo consigas sino tú, con tu compromiso, tu actitud y tu trabajo.

3. Creo en el aprendizaje

No siempre lo ves, pero está ahí. Hasta en tus errores. No sólo aprendes de los que estuvieron antes en tu lugar, como tus padres, sino de tu propia experiencia, buena y mala. El aprendizaje es una de las armas más fuertes que poseemos, una herramienta (mucho más potente de lo que creemos) que nos sirve para seguir avanzando. A esta creencia va ligado un firme propósito: no dejar nunca de aprender cosas nuevas.

4. Creo en el autoconocimiento

En mi anterior etapa en este blog te hablé muchísimo de el autoconocimiento. Después de este tiempo sin escribir por aquí, es algo que no sólo no he desechado de mi vida, sino que he permitido que, lo que al principio era una idea, ahora sea toda una creencia. Cuanto más te conoces a ti mismo (porque no te conoces también como crees), más capaz eres de hacer cosas, de aprender cosas, de lograr cosas. Autconocerse implica hacerse preguntas y que a veces no te gusten las respuestas, pero al final sabes lo que eres y no hay nadie que pueda quitarte eso.

5. Creo en la energía

Llámalo energía o llámalo X. Pero creo que aquello que proyectamos a los demás, se nos devuelve de una u otra forma. Por eso tengo la máxima de “sé la energía que quieres atraer”. Sé lo mejor de ti mismo, da lo mejor de ti mismo, ofrece a los demás lo mejor de ti mismo. Y tarde o temprano, aunque quizá ni siquiera te des cuenta, lo mejor de alguien o lo mejor de algo, te llegará.

Cómo convertir tu miedo en lo que quieras

[Antes de nada, te pido disculpas: no acostumbro a abandonar el blog toda una semana sin previo aviso. ¡Pero he cambiado de trabajo! Y la semana pasada fue, sencillamente, una locura. Te doy la bienvenida de nuevo :)]

Cómo se perciben las cosas y cómo se actúa frente a ellas, puede interferir, de manera decisiva, en el impacto que tienen esas cosas en nuestra vida. Esto tiene una sencilla explicación: no podemos controlarlo todo. No podemos controlar aquello que sucede y tampoco aquello que no sucede, sin más. Pero sí que podemos influir en nuestra reacción acerca de ello.

El miedo es algo totalmente común en todos nosotros. Nada especial, te lo aseguro. A mí me gusta pensar en él como una especie de mecanismo de defensa que nos mantiene alerta frente a posibles amenazas, pero que en ningún caso debe paralizarnos. De hecho, lo ideal sería poder normalizar el miedo hasta tan punto que nada nos asustara. Y no hablo de ser unos inconscientes temerarios, hablo más de respirar hondo, intentar poner todos nuestros pensamientos por separado y darnos cuenta de que, probablemente, las cosas que nos asustan no son, en realidad, tan horribles.

Hoy quiero compartir contigo algunas cosas en las que puede transformarse (en las que tú puedes transformar) el miedo (aunque no lo creas):

1. Transforma el miedo en productividad:

Cuando estamos asustados, sentimos una especie de parálisis general. No podemos hacer nada sin pensar en el miedo que nos da que sucedan cosas que incluso no han sucedido todavía, cosas que pensamos que podrían suceder si tomamos tal o cual decisión. Esto nos hace ser, además de claramente infelices e inseguros, claramente improductivos. Pensar sólo en presente y no en lo que podría pasar dentro de 10 minutos, 10 meses o 10 años, nos ayuda a centrarnos en el ahora. Y así dejamos de ser conscientes de nuestro propio miedo al futuro, que no es más que inseguridad a causa de la incertidumbre.

2. Transforma el miedo en autoconfianza:

Superar tus miedos es sobrepasar tus barreras. Darte cuenta de que aquello que te separaba de tus objetivos, eran tus creencias limitantes, era el propio miedo. Sabernos capaces de hacer algo que nos aterraba o que suponía un gran reto para nosotros, se traduce en una dosis tremenda de autoconfianza.

3. Transforma el miedo en autoconocimiento:

Superando tus miedos, también te conoces un poco más. Empiezas a darte cuenta de cómo reaccionas ante una situación desconocida, ante la incertidumbre del futuro o ante un nuevo reto o una nueva etapa vital. Aprendes quién eras antes de superarlo y quién eres ahora. Aprendes a escucharte cada vez más.

4. Transforma el miedo en solidaridad:

Y de entre todas las cosas buenas que puede traerte superar tus miedos, la mejor es que, por el camino, inspirarás a otros a superar los suyos. O les ayudarás a hacerlo. O hablarás “desde la experiencia” si alguien te pide consejo por estar pasando una situación similar (aunque, seamos sinceros, “nadie escarmienta en cabeza ajena”).

5. Transforma el miedo… en lo que quieras:

En realidad puedes transformar el miedo que ahora parece que te detiene y que te lastra, en cualquier cosa. Puedes transformarlo en energía positiva que te ayude a superar nuevos retos, puedes transformarlo en aprendizaje, puedes transformarlo en experiencias vitales… Porque al final, el mismo miedo no se queda con nosotros mucho tiempo. Vuelve, claro que vuelve, en forma de muchas cosas y situaciones. Y a veces duele, ¡y tanto que duele! Pero lo que te queda después, una vez superado, una vez transformado en aquello que te ha impulsado a seguir hacia adelante, una vez que miras atrás, eso es la vida.