Más ideas, más fácilmente

Las ideas son escurridizas. Las tienes, pero si no te esfuerzas en recordarlas, ceden su sitio en tu cabeza a cosas más importantes e inmediatas. Son un poco traicioneras, porque parecen muy grandes, muy geniales cuando las tienes en tu cabeza y después, sobre el papel, no son lo que parecían. Las ideas son inoportunas: no llegan cuando te sientas a escribir (en el caso de que, por ejemplo, seas escritor o tengas tu propio blog), llegan cuando estás en la ducha, cuando estás a punto de dormir y sobre todo, llegan cuando estás muy ocupado y no tienes tiempo para detenerte a darles forma. Las ideas son así. Tú crees que te pertenecen porque se te ocurren, aparecen en tu cabeza, pero en realidad, se pertenecen a sí mismas. Domarlas, dominarlas y convencerlas de que se queden para poder desarrollarlas, es de las cosas más complicadas que existen.

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“El mejor camino para tener ideas, es tener muchísimas ideas” Linus Pauling

La semana pasada estuve (de nuevo) ausente de este blog. Ahora que estoy mucho más ocupada que antes y que mis días se pasan volando, es cuando me surgen ideas para escribir, pero no tengo tiempo de hacerlo. ¿Qué puede hacerse en una situación así entonces? Lo mejor es anotar cada idea, sea o no brillante, que se te ocurra. Y luego, cuando el ritmo frenético del día a día te dé un respiro, toca sentarse a analizarlas, a estructurarlas y a darles formas.

Precísamente una idea que se me ocurrió en un trayecto en tren fue escribir sobre las ideas. Porque la falta de ideas suele ser muy frustrante, pero no lo es más que tener ideas y no desarrollarlas. Así que hoy te traigo algunas claves para mantener el nivel de inspiración alto y domar más fácilmente esas ideas revoltosas que van y vienen:

1. Distracción:

Cuesta creer que una de las claves para intentar concentrarte en tus ideas, sea precisamente distraerte. Pero es que muchas veces pasa que estamos tan obcecados con el hecho de no tener ninguna idea, que no podemos dejar de pensar en otra cosa. Y entonces nos bloqueamos y ya sí que la productividad del día no tiene ninguna salvación. Es mejor hacer otras cosas, distraerte y mantenerte ocupado, así dejas el camino libre de pensamientos negativos y bloqueo. Así tu mente fluye como tiene que fluir: de manera natural, sin forzarla lo más mínimo.

2. Apunta, apunta y vuelve a apuntar:

Tengo cuadernos empezados llenos de apuntes que, probablemente, hoy no carezcan de sentido para mí. Sin embargo, los tengo porque siempre los he llevado encima. Hay ideas, frases, hechos, fechas, contraseñas, recordatorios, citas célebres, títulos de libros, diálogos de películas, tareas… Nunca he sido buena teniendo un cuaderno para una misma cosa y, aunque le ponía mucha intención, todos terminan escritos por todos sitos con anotaciones desordenadas e inconexas.

Pero, aunque creas que esto no puede ser más contraproducente, en realidad es bueno porque, de vez en cuando, me pongo a repasar cuadernos que empezaron siendo SÓLO para una cosa y que terminaron siendo un batiburrillo de mil cosas. Y veo posts que se me ocurrieron en su día y que no llegué a escribir, o se me ocurren cosas que escribir acerca de la productividad cuando me encuentro una lista de tareas completa o me da por investigar sobre la razón por la que hacemos dibujos y rayajos mientras hablamos por teléfono o en una reunión. Y de ese cajón desastre, surgen ideas nuevas.

¿Por qué? Porque en su día llevaba ese cuaderno a mano y anoté todo aquello.

NOTA: A veces utilizo el móvil para apuntar ideas de estas que surgen cuando nadie las espera, pero sin duda, el método analógico de libreta y boli siempre ha sido más eficaz.

3. Tormenta de ideas:

Antes de escribir sobre casi cualquier cosa me hago con un papel y un boli y empiezo a apuntar todo lo que sé sobre ese tema, lo que han dicho otros, lo que saben los demás… Investigo, leo, releo, repaso y voy anotando todas aquellas cosas que me inspiran, que me van a ayudar a darle forma a mi idea. Esta técnica (aunque realizada en grupo es mucho más divertida) se llama brainstorming o tormenta de ideas y te ayudará, en más de una ocasión, a desbloquearte. Al final sólo tienes que elegir un tema y empezar a escribir todo lo que se te ocurra sobre él. Después, tendrás que buscar toda la información y datos posible y por último, toca sacar algo en claro de todo eso. Crémee: si lo has hecho bien, no te costará nada.

4. Deja de darle vueltas:

Puede que esa idea que se te ocurrió hace tiempo y con la que te mantienes ocupado la mayor parte de tu tiempo, pero a la que no hay manera de darle forma, no sea la idea adecuada. Tienes que aprender a saltar de idea en idea y sobre todo, a dejar ir aquellas que, por lo que sea, no tienen razón de ser, por mucho que parecieran brillantes en un primer momento. Tu tiempo es limitado y tienes que aprovecharlo procurando conseguir la máxima productividad. Deja ir las cosas que no tienen que ser. Quizá, dentro de un tiempo, le encuentres todo el sentido, pero mientras, emplea tu tiempo en cosas útiles.

5. Organízate:

Sé que este punto, después del número 2 en el que el caos campa a sus anchas por mis cuadernos, no tiene mucho sentido, pero en realidad sí que lo tiene. Una vez que comienzas a desarrollar tu idea, debes organizarte bien. Haz esquemas, mapas mentales o estructuras fáciles de cómo vas a desarrollar la idea y de cómo vas a darle forma. Es importantísimo que te organices: tardarás menos tiempo en desarrollar tus ideas, lo harás de forma más fácil (evitando quemarte) y al final, si encuentras un sistema de organización bueno, seguro que tu nivel de productividad, para casi cualquier ámbito de tu vida, mejorará.

Cómo salir de tu zona de confort puede ayudarte a escribir

La mayoría de nosotros tenemos una rutina cada día. Ya te he comentado alguna vez que lo peor que puede pasarle a una persona es sentir incertidumbre. La incertidumbre nos da miedo, no poder controlar algo, no saber lo que viene después, nos hace sentirnos inseguros. Por eso construimos rutinas y horarios y por eso, la mayoría del tiempo, nos movemos dentro de nuestra zona de confort. Una zona que no tiene por qué ser cómoda (puedes tener un trabajo, por ejemplo, que no sea precísamente cómodo o puedes tener ciertos elementos en tu rutina, por ejemplo, los malditos atascos), pero que a tu cerebro le resulta cómoda porque es lo que conoce. Una especie de rutina en la que no ocurre nada o casi nada.

Como escritor, si realmente a lo que quieres dedicarte es a tu blog o a vivir de lo que escribes, no hay nada más peligroso que esta zona de confort. Y es complicado lidiar con ella en muchas ocasiones porque, es cierto, un escritor necesita de cierta rutina y de cierto ambiente disciplinado y constante para escribir, pero a veces su creatividad necesita liberarse.

Así es como surge el famoso bloqueo. Que es lo que sientes muchas veces cuando te sientas delante del ordenador a escribir un nuevo post en tu blog y después de un buen rato no solo no has escrito nada, sino que has perdido el tiempo que tenías para escribir en otras cosas. El consejo más común que se le da a un escritor cuando está bloqueado es que despeje su mente, que se levante y que haga otras cosas, que no se obceque con la maldita página que no quiere salir. Y ahí está la clave: cuanto más despeje su mente, más olvidará su propio bloqueo y más pronto llegará de nuevo la inspiración y la motivación par escribir.

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Decirle, por tanto, a un escritor bloqueado, que lo que tiene que hacer es despejar su mente, es lo mismo que decirle que salga de su zona de confort. Sin embargo, no siempre esta salida implica un movimiento físico. A veces, haciendo precisamente lo contrario al consejo: no levantándote de delante del ordenador y escribiendo, puedes ayudarte a escribir. A continuación, te doy 3 pistas de cómo conseguirlo:

1. Prueba un tema nuevo:

A ser posible, un tema del que no hayas escrito nunca y sobre todo, del que no tengas mucha información. Ponte un objetivo sencillo: vas a escribir un post para un blog, pero no será ni para tu blog ni sobre los temas que dominas. Será sobre medicina, sobre política, sobre actualidad o sobre algo de lo que no tengas la más remota idea. El simple ejercicio de obligarte a escribirlo y sobre todo, tener que buscar información por Internet y leer de otro tema, te ayudará a despejar la mente. Y quién sabe, quizá por el camino se te ocurra algo para tu propio blog.

2. ¿Cómo lo escribiría otra persona?

Si escribes habitualmente, habrás detectado que cada vez te cuesta menos escribir con tu propia voz, con tu propio estilo. Sin embargo, esto puede hacer que muchas veces nos bloqueemos por pura rutina. Puedes intentar, para jugar un poco con tu dominio del estilo y, sobre todo, para salir de la zona cómoda de tu forma de escribir, tratar de escribir como lo haría otra persona. Por ejemplo, ¿cómo escribiría sobre el mismo tema Mariano Rajoy? ¿Y cómo lo haría un comentarista deportivo? ¿Y cómo lo haría tu jefe? ¡Dale a la imaginación!

3. Disparador de palabras:

Alíate con la tecnología: hoy en día hay programas que te ayudan a escribir (como ÉSTE, como ÉSTE o como ÉSTE) disparándote temáticas, títulos de artículos o simples palabras sobre las que escribir. Es una buena forma de salir de tu zona de confort porque no sabes qué palabra o qué tema vendrá después, y sin embargo, el simple hecho de tener algo por lo que empezar, ya es suficiente motivo para hacerlo.

27 lecciones en 27 años

Hoy cumplo 27 años. Cuando hace unos años, me imaginaba mi vida futura, nada de lo que hoy forma parte de ella (o casi nada, porque hay cosas que nunca cambian) estaba ahí. Sin embargo, hoy todo eso (personas, vivencias, experiencias, aprendizajes, proyectos) es tan importante, que siento que ya no podría vivir sin ello.

No creo que sea quién para dar lecciones de nada (ni siquiera con este blog lo pretendo), pero siempre me he visto capaz de transmitir con facilidad las cosas que sí he aprendido en todos los ámbitos de mi vida. Por eso hoy, quería compartir contigo 27 lecciones valiosas que he aprendido en mis 27 años:

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1. Sé fiel a ti mismo. Nada vale tanto como para traicionarte. Permanece fiel a quién eres, a lo que quieres y sobre todo, no seas alguien que no quieres ser.

2. Aprende a decir no. Porque a veces tienes que marcar límites y no pasa nada.

3. Todo se puede conseguir, incluso lo que parecía imposible. Aunque nadie dice que vaya a ser fácil.

4. El sistema no te necesita. Así que no dependas de él para crecer.

5. La creatividad es un músculo y como tal, hay que ejercitarlo.

6. Cuando haces algo que te gusta se nota, y cuando no, se nota mucho más.

7. El miedo es algo común, natural e instintivo de todos los seres humanos. No te sientas especial por tener miedo. Normalízalo y sigue hacia adelante.

8. Por muy bien que creas que va todo, no lo valorarás de verdad hasta que pase algo que te empuje a hacerlo. Así que aprecia cada cosa que hay en tu vida hoy.

9. Tú eres la única persona que va a vivir tu vida. Por eso escuchar consejos está bien, pero después tienes que seguir tu instinto.

10. Cuantas más películas veas, cuantos más libros leas, cuanto más viajes, cuanto más abierto estés a todo lo que la vida te ofrece, más podrás crecer.

11. Tienes mucho potencial, pero tu tiempo es limitado. No pierdas un día más sin potenciarlo al máximo.

12. Las mejores personas no son las que dicen “todo saldrá bien”. Son las que dicen “esto se va a la mierda, pero yo me quedo”.

13. No seas egoísta. La vida es mejor cuando se comparte en todos los sentidos.

14. Da lo mejor de ti hasta el final, incluso cuando te sientas cansado o desmotivado.

15. Si hay algo de tu vida que no te gusta, trabaja para cambiarlo.

16. Cometer errores, estar triste, tener bajones y fallar está permitido, lo que no está permitido es rendirse.

17. Nunca es tarde si tienes voluntad.

18. La vida es injusta, pero aceptarlo no significa darnos por vencidos y no intentar cambiarlo.

19. Si crees algo, ya lo estás creando.

20. Malas personas, trepas, abusones y caraduras los hay en todos los sitios. Lo único que tienes que hacer es no dejar de creer en las personas por su culpa.

21. Deja ir a quien se fue y perdona a quien se marchó por su propio pie. La vida también es aprender a desprenderse.

22. Con la edad tus amistades se reducen en número, pero ganas en calidad.

23. Los amigos son la familia que eliges.

24. Tus padres, tus abuelos, tus mayores, han dado todo para enseñarte a vivir, para que hoy seas quien eres. Se merecen mucho amor y todo el respeto.

25. Tú eres tú, y ése es tu superpoder. No te compares con nadie y aprende a diferenciarte, a valorarte y a quererte, porque gracias a eso conseguirás grandes cosas.

26. Escribe cada día porque escribir mantiene la locura a raya. 

27. Lo que no aprendes por ti mismo, la vida te lo enseña (y a veces no por las buenas), así que procura aprender algo cada día de tu vida.