Por qué empezar de nuevo puede ser bueno para ti

Esto de olvidar es asunto serio. Es cambiar de rutina, es adaptarse, es desprenderse, es cambiar de piel, es tragarse palabras, es morir y renacer. Es pasar la página a regañadientes, es ponerle punto y final a la fuerza… Es estrujar la historia y sacarle lecciones. Es un déja vú continuo. (Mariani Sierra)

No hay una ciencia exacta que diga cómo uno debe empezar de nuevo. Ya sea al final de una relación, cuando acaba una etapa profesional o cuando surge cualquier situación para la que no estamos preparados y, de pronto, nos vemos obligados a reiniciar la máquina.

Ceder cuanto antes al peso de la situación y exteriorizar lo que sentimos cuando algo acaba está bien. Hasta cierto punto. Tenemos que encontrar el equilibro entre lo saludable y necesario que es darnos espacio y tiempo para procesar algo que acaba de ocurrir y ponernos en macha de nuevo. Probablemente porque si no lo hacemos, podemos causarnos un daño mucho peor del que sentimos y porque, si lo hacemos durante demasiado tiempo, también.

Sin embargo, empezar de nuevo no es tan malo como puedas pensar. Hoy te traigo algunas de las razones por las que creo que, una vez parado el llanto y tomada una primera respiración, puede ser bueno para ti.

1. Recuerda que los finales son necesarios

Acepta que las cosas acaban. Que “el día que se nace se empieza a morir”. Que todo es más o menos caduco, incluso aquello que creías que duraría para siempre. Y recuerda vivir el momento presente. Porque eso te ayudará a apreciar las cosas mientras duren. Una vez que toca empezar de cero, rehacerte de nuevo, plantéate esta nueva filosofía: acabará, algún día, no importa cuando, porque vas a estar muy ocupado disfrutando a tope de la experiencia. Deja ir la carga y el peso del “para siempre”, y disfruta de una experiencia plena sin lastres.

2. Este fracaso te puede enseñar

La mayoría de nosotros tenemos miedo al fracaso. Incluso esa gente que hay en tu entorno que dice que a él no le preocupa fallar, tiene miedo. Y es que cuando invertimos tiempo y esfuerzo en algo, sea una relación o un proyecto profesional, no solemos pensar en que puede salir mal. Por eso, si sale mal, nos descoloca tanto. Sin embargo, una vez que ocurre ya no hay por qué sentir miedo, sino admitir que fallaste (o que algo falló). Es un ejercicio de madurez que, además, podemos ver como una forma de adquirir cierto conocimiento o experiencia que, de ninguna otra forma, hubiéramos podido experimentar. El aprendizaje a base de errores también es aprendizaje al fin y al cabo, ¿no?

3. Aprovecha que empiezas de nuevo y mejórate

Los cambios personales y la metamorfosis de una persona es un proceso hermoso, aunque no puedo decir que no sea doloroso. Si te pusieras a pensar en cómo eras hace cuatro o cinco años y enumerases una lista de acontecimientos importantes (buenos o malos) que han sucedido en tu vida en ese periodo de tiempo, te darías cuenta de que esos hechos tienen parte de culpa de que seas quien eres hoy. La transformación y la evolución son necesarias para que podamos seguir creciendo y mejorando. Plantéate este final y el empezar de nuevo como una oportunidad de evolución, para llevar un registro de todo lo que puedes mejorar en ti y mejorarlo sólo por ti, no por los demás, no porque te sientas forzado a ello. Aprovecha para trabajar duro y convertirte en una mejor versión de ti mismo.

Por qué dejar de decir “siempre” va a mejorar tu vida

El pasado nos informa (y nos forma) sobre el futuro, pero no puede determinarlo.

Siempre me ha dado miedo volar. Siempre me bloqueo en los exámenes. Siempre dejo las cosas sin acabar. Siempre he sido un desastre. Siempre pierdo. Siempre me pasa a mí.

Os presento a la palabra maldita. Es casi peor que “nunca”. Es una predisposición, una condición, una proyección de nosotros mismos que nos impide crecer y nos hace estancarnos. Porque algo que “siempre” ha sido así, no tiene pinta de poder cambiar, ¿verdad? Porque diciéndonos que “siempre” esto o que “siempre” lo otro, condicionamos a nuestro cerebro. Porque el desenlace después de un siempre, suele ser negativo. Y en parte esto es una forma de boicotearnos.

Como siempre he sido así o asá… Como siempre todo me pasa a mí… Como siempre que hago esto sucede esta otra cosa… 

Tu proyección de ti

El siempre condiciona tu mente. Y como está muy ocupada haciendo que te creas esa imagen que tienes de ti mismo, no puede dar el máximo, ni esforzarse al máximo, ni creer al máximo. Ni mucho menos centrarse en lograr un objetivo. El siempre crea proyecciones de ti que te condicionan en el futuro.

Es cierto: esas proyecciones pueden estar basadas en datos objetivos. Por ejemplo: si siempre te dan naúseas cuando hablas en público, es porque las veces que lo has hecho, te ha sucedido. Pero si temes que hablar en público te provoque naúseas porque siempre ha sido así, y dejas de hacerlo, es tu mente la que te condiciona, eres tú mismo quien limita tu propio crecimiento.

¿Qué hubiera pasado si J.K. Rowling o Agatha Christie, rechazadas en muchísimas ocasiones por las editoriales a las que acudían para publicar sus obras hubieran dicho “Siempre que presento una obra a una editorial, me rechazan”? Que probablemente, no lo hubieran vuelto a intentar.

Deja atrás el siempre:

Recuerda: nuestro pasado siempre va a formar parte de nuestro futuro, pero no tiene que condicionarlo ni mucho menos, determinarlo. Aquí van 3 formas de empezar a dejar atrás el siempre:

1. Inténtalo una vez más: porque puede que en el pasado siempre sucediera algo que te haya quitado las ganas de intentarlo, pero también puede que esta vez sea diferente. No tengas miedo de intentarlo una vez más.

2. Supera tus miedos: tener miedo a que vuelva a repetirse algo malo que pasó en el pasado, es algo con lo que debes lidiar. Porque no “siempre” tiene que ser así. Porque tú creces, evolucionas, maduras y cambias. Y los miedos son anclas que te impiden seguir adelante.

3. Pasa página: lo que sea que sucediera en el pasado, no debe condicionar quién eres tú ahora o qué quieres ser, conseguir o tener en el futuro. En el pasado eras otra persona, tu mente era diferente, tus creencias o tus objetivos también. Puede que la regla del siempre se cumpliera entonces, pero hoy eres alguien distinto. Has cambiado, y no pasa nada.

¿Practicas la multitarea? Estás exprimiendo tu cerebro de mala manera

No te preocupes, ocúpate.

¿Recuerdas ese anuncio de un coche que a algunos les pareció sumamente estúpido? Ese de “cuando corras, corre. Cuando trabajes, trabaja. Cuando descanses, descansaCuando conduzcas, conduce”. Puede que después de este post lo veas de forma distinta.

Existen muchos monstruos en la sociedad moderna. A algunos de ellos nos los señalan en el telediario como “los malos” y nosotros nos damos por satisfechos. Pero no son, ni de lejos, todos los monstruos que existen.

Hay ciertos monstruos que no ves (estos son los peores) o que incluso están “bien vistos” por la sociedad, aunque al individuo le mine, le anule y le haga sentirse inseguro, insatisfecho e inútil.

Uno de esos monstruos, que ha proliferado en los últimos tiempos a base de móvles de última generación y trabajo online, es la llamada multitarea. O lo que es lo mismo: la capacidad de hacer varias cosas a la vez.

Yo convivía día a día con el monstruo de la multitarea no hace tanto. Pensaba que, haciendo varias cosas a la vez, iba a ser más productiva, más eficaz, más rápida. Y todo eso mola, sobre todo de cara a un trabajo en el que se buscan resultados en el menor tiempo posible.

El problema viene después, cuando te das cuenta que, con tanta tarea simultánea, lo que queda de tu cerebro al final del día es una especie de zumo. Hoy te vengo a contar lo bueno que es hacer una cosa cada vez. 

¿Haces multitarea?

Es probable que nunca te hayas parado a pensar en si tú haces multitarea, porque en realidad la llevas a cabo sin darte cuenta. Pero en realidad es más común de lo que crees y tú también lo haces. Por ejemplo, seguro que casi todos los días, cuando enciendes la tele, te pones a mirar el móvil sin prestar atención al programa o película que están dando. Cuando te pones a trabajar en un proyecto de la Universidad o en una tarea del trabajo o incluso en tu blog, en vez de centrarte al máximo en ello, te dedicas a consultar el mail, a mirar Twitter… Seguro que a veces, cuando hablas con alguien (o más bien, cuando alguien te habla), te pones a pensar en cosas como la lista de la compra o lo que tienes que hacer al día siguiente.

“Hola, soy yo”. Cada día llega y te saluda el monstruo de la multitarea.

Multitarea vs. Una cosa cada vez

Existe un término japonés (ichigo-zammai) que significa “concentración total en un solo acto”. Básicamente, esta práctica habla que es mucho mejor (más productivo y más sano para nosotros) ocuparnos, estar (y ser) en el momento presente cuando realizamos alguna actividad. Y sólo una. Como si aquello en lo que estamos trabajando o lo que estamos haciendo, sea lo único que podemos hacer. Así, cuando uno come, come. Cuando uno hace una tarea concreta, hace sólo esa tarea concreta. Además, este concepto defiende que sólo cuando nos concentramos en una cosa por entero, somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos, de representar nuestra verdadera naturaleza.

Cómo implementar el hábito de hacer una cosa cada vez

Si últimamente sientes que, lejos de conseguir tu objetivo de ser más productivo, rápido y eficaz en lo que haces, la multitarea sólo consigue que acabes agotado, aquí van unos tips rápidos para combatirla y empezar a entrenar el hábito de hacer una cosa cada vez.

  • Establece prioridades: hace un tiempo te hablé de cómo podías ordenar tus prioridades. Realmente hacer una cosa cada vez no significa que vayamos a ser más lentos, sino que le daremos toda nuestra atención a lo que estamos haciendo. Obviamente, esto no quita que no tengamos cientos de cosas que hacer cada día así que lo mejor, será priorizarlas.
  • Cuenta mentalmente: cuando estés trabajando en algo y estés intentando poner tu atención plena en ello, y notes que la mente se te va a otro lado, cuenta hasta diez, y vuelve con tu tarea. Me pasa en el trabajo, cuando estoy haciendo algo y de pronto me salta la notificación de que ha llegado un nuevo mail. Seguro que a ti también te pasa, casi cada día.
  • Realiza anotaciones mentales de cada momento. Intenta sacarle el jugo máximo al momento. Si estás comiendo, esfuérzate por saborear la comida. Si estás trabajando, tómate tu tiempo para estructurar y planificar tus ideas.