7 palabras tóxicas que están saboteándote

Seguro que has escuchado hablar de las personas tóxicas. Y seguramente que si te digo que hay palabras tóxicas, que habitualmente utilizamos, y que en la mayoría de los casos sólo nos limitan y nos sabotean, no me creas. Pero es totalmente cierto.

Ya sea llevando a cabo cualquier tipo de proyecto, escribiendo en tu blog o en tu vida personal, hay ciertas palabras que, cada vez más, utilizamos como parte de nuestro día a día y nuestra rutina, sin darnos cuenta de lo dañinas que son para nuestra autoconfianza, para nuestra productividad o incluso para nuestra creatividad.

Hoy te traigo 7 ejemplos de esas palabras tóxicas (aunque hay infinitas). Creo que es necesario recordarte el poder que tienen las palabras, y sólo por el cambio que podemos generar en nuestra propia vida, en nuestra forma de hacer las cosas o en nuestra manera de abordar los problemas, merece la pena que las erradiques de t vocabulario. Aquí van:

1. Perfección:

Me considero una persona perfeccionista, en el sentido de que las cosas me gustan bien hechas y pulidas, y que además, sean fruto de haber dado el 100% de mí para conseguirlo. Sin embargo, también creo que la perfección no existe, que es una especie de utopía, toda una creencia limitante que, en la mayoría de ocasiones sóo sirve para retrasarnos o frustrarnos. Y eso hace que esta palabra sea una de las más tóxicas que existen.

2. Competitividad:

Antes de nada, hay que dejar claro que no está mal ser una persona competitiva. Tenemos el pensamiento de que, el hecho de que nos guste la competición, es una prueba de que siempre queremos ganar, quedar los primeros, quedar por encima del resto. Pero no es cierto. Lo que hace tóxica a la competitividad es llevarla al extremo de sentirnos fracasados cuando no nos toca ganar, cuando no hemos sido los mejores; o de perder la capacidad de reconocer los méritos y triunfos del resto.

3. Incapaz:

Todos nos hemos sentido incapaces de hacer algo alguna vez. De hecho, algunos somos incapaces de hacer ciertas cosas. Pero de ahí, a sentirnos incapaces antes ni siquiera de intentarlo, va un trecho. Retira la palabra “incapaz” de tu vocabulario.

4. Imposible:

Si algo he aprendido a lo largo de mi vida es que, que algo sea posible o imposible es un poco relativo, y depende más de los ojos del que mira la situación, que de la situación en sí. He visto cosas que eran imposibles y se han hecho posibles y he creído que era imposible lograr algo que después conseguí. Ahora simplemente la palabra imposible no me gusta, me parece demasiado imprecisa, demasiado relativa. En cambio, utilizo “poco probable” y me agarro a la posibilidad de que, si existe una pequeña oportunidad, por ínfima que sea, de lograr algo, ya merece la pena intentarlo.

5. Comparación:

En el caso de la comparación ya no es sólo la palabra, es el hecho en sí. Vivir constantemente comparándonos con los demás es una tortura. Siempre habrá alguien mejor que tú, que haga las cosas mejor que tú, que tenga MÁS de algo que a ti te falta… Entonces, ¿no hace todo esto que el hecho de compararse sea absolutamente improductivo? En todo caso, si vas a compararte con alguien, que sea contigo mismo, pero en mejor versión.

Existe al menos un rincón del universo que, con toda seguridad, puedes mejorar, y eres tú mismo.(Alduous Huxley)

6. Fracaso:

Hay conceptos a los que se les ponen palabras que ya de por sí, suenan absolutamente negativas. El fracaso, que perfectamente podría llamarse también “aprendizaje”, es una de ellas. Creo que la propia palabra hace que le tengamos más miedo todavía y en realidad, tampoco pasa nada por fracasar de vez en cuando. Siempre que aprovechemos esa “caída” para impulsarnos.

Mark Cuban dice: “No importa cuántas veces fracases. No importa cuántas veces casi sale bien. Nadie va a saber ni a nadie le importan tus fracasos, y tampoco deberían importarte a ti. Todo cuanto has de hacer es aprender de ellos y las personas que te rodean porque todo cuanto importa que salga bien una vez. Entonces todos podrán decirte la suerte que tienes”.

7. Excusas:

Las excusas no solo son tóxicas sino que son venenosas. Son lo más venenoso que puedes hacer por ti. Son todos esos pretextos que ponemos para no hacer algo que, generalmente, tenemos que hacer. A veces se disfrazan de “algún día”, “ya mañana” o “tal vez luego”. Cuidado con ellas.

¿Y tú? ¿Qué más palabras añadirías a la lista de “TÓXICAS”?

Cómo sacarle más provecho a cada día

Creo sinceramente que la clave de vivir los días y aprovecharlos al máximo, es vivirlos intensamente y siendo plenamente conscientes de ello. No siempre, entre la rutina del día a día, los atascos, el estrés del trabajo o las tareas por hacer que se acumulan en casa, nos da tiempo a detenernos y ver que tenemos suerte de estar aquí, e incluso de que hoy haga un día de mierda fuera y tener un techo al que volver al final del día, en el que encontrarnos con gente que nos quiere y en la que podemos refugiarnos a pesar de todo lo malo.

Simplemente no lo vemos.

Es probable, claro, que intentar ser un poco más conscientes de la suerte que tenemos y sobre todo, de mostrar más gratitud en la vida, no sea suficiente para exprimir los días. De hecho, no lo es. Pero sin duda, es un buen punto en el que empezar.

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¿Estás dándole a tu día de hoy la importancia que se merece? ¿O simplemente estás ahí, viéndolo pasar como si fueras un espectador, y lo único que vas a hacer va a ser esperar a que llegue mañana?

Pues se acabó. Levanta de ahí (bueno, si estás en clase o en el trabajo, procura tener una excusa. Lo mismo queda raro) y repítete a ti mismo (no hace falta que sea en voz alta): Hoy, como cada día de mi vida, cuenta.

¿Cuenta para qué? Pues para todo: para empezar a hacer lo que sea que quieras hacer, para impulsar tu talento, para ser más creativo… Elije la excusa, y yo te pongo los siguientes 7 tips para sacarle más provecho a cada día.

1. “Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?”

Sí. Esto anterior lo dijo Steve Jobs hace algunos años y es una de las frases por las que más se le recuerda. Le seguía algo así: “Si la respuesta es NO durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo”.

Efectivamente. Si hay algo en tu vida, a lo que le dedicas la mayor parte de las horas de tu día y crees que debes cambiarlo porque, en fin, ni aún así te llena, te motiva o sientes que forme parte de ti, simplemente hazlo. (Créeme, te habla quien ha cambiado de trabajo hace una semana).

2. Haz algo que sirva para que otros mejoren sus vidas:

Desde que escribo este blog, me gusta la sensación de saber que ahí, al otro lado, estás tú. Lamentablemente, no tengo ni tiempo material ni dinero para hacer todo lo que me gustaría hacer y que eso repercutiera en la vida de otras personas, sin embargo, creo que escribir aquí es mi pequeño aporte.

Tengo la firme convicción de que decir que no somos nadie o que no podemos hacer nada porque este mundo cambie a mejor, es simplemente una excusa. Y también creo que, a base de pequeños cambios que causen pequeños efectos en las vidas de los demás, se puede generar una cadena que vaya mucho más allá de lo que inicialmente pensamos.

3. Sé optimista:

Estoy bastante harta de que se culpe a la gente optimista simplemente por serlo. Me considero una persona optimista, y no por ello soy menos consciente de las atrocidades que pasan en el mundo, de las penurias que pasan las personas o de las cosas malas que me han podido pasar a mí o a gente cercana a mí. Sin embargo, creo que ser optimista es lo único que se puede ser hoy en día, porque ser el resto de cosas no es nada productivo.

Así que, inténtalo, empieza a ver el lado bueno de las cosas, empieza a levantarte con más fuerza de cada caída y a coger impulso cuando te sientas en desventaja o desanimado. Tu día cambiará.

4. No esperes a “algún día”:

Otra de las mejores excusas que ha inventado el ser humano es decir que algún día empezará a hacer aquello que quiere hacer o algún día le llegará (no sé cómo, si llovido del cielo con esta tormenta o qué) aquello que desea. Sin embargo, ese “algún día”, totalmente indeterminado o indefinido, no deja nada claro qué día en concreto vas a empezar.

Es sencillo: coge un calendario y deja de esperar a que las cosas pasen. Fíjate una fecha límite para conseguir tus pequeñas grandes metas y destierra ese “algún día” de tu vocabulario.

5. Menos perfeccionista, más productivo:

El perfeccionismo es algo que, casi siempre, todo el mundo califica como defecto. Por ejemplo: “Tengo el defecto de que soy muy perfeccionista”. Vale, pues entonces no lo seas. Está bien querer hacer las cosas bien y está bien querer que todo esté lo mejor que pueda estar, pero te voy a confesar algo, un spoiler gigante, del tamaño de una catedral, ¿lo quieres saber? ¿Ahí va?

Nunca estará suficientemente perfecto.

Así que cambia la palabra “perfeccionismo” por “productividad”. Y recuerda: HECHO (y con “hecho” me refiero a acabado, pulido, finito y correcto) es mejor que PERFECTO.

6. Vive el presente:

Las personas nos pasamos la mitad de nuestra vida preocupadas por nuestro futuro y la otra mitad anhelando haber aprovechado mejor el pasado. Sin embargo, la única manera que tenemos de conseguir no anhelarlo, es vivir el presente en cada etapa de nuestra vida. Lo que hablábamos antes: estás aquí hoy, 12 de mayo de 2016. No habrá ningún 12 de mayo de 2016 más en tu vida, así que aprovéchalo.

7. ¿Nuevos retos? Yo digo ¡SÍ!

Soy una persona especialmente miedica. Aquí escribo como muy echada para adelante, pero es precisamente porque a las personas especialmente miedicas, la vida nos enseña que con el miedo no puedes ir a ningún sitio. Y en el momento en el que te cruzas con algún espabilado que te demuestra hasta dónde ha llegado por no tener miedo (o mejor dicho, por tenerlo y no hacerle caso), te das cuenta de que tú eres tan capaz como él y tan válido como él.

Y te lanzas. Y lo haces. Y después lo consigues.

Y al final, lo que pasa con esto de asumir nuevos retos, es que crea adicción.

Cómo crear (y editar) contenido consistente en 5 pasos

Una de las partes más complicadas de tener un blog (y sobre todo, de mantenerlo) es crear contenido nuevo. Este blog cumplirá 3 años el próximo viernes y en él hay, nada más y nada menos que 485 entradas. Se dice pronto.

Aunque hay muchos posts que se complementan y completan, mi objetivo siempre ha sido crear contenido nuevo en cada entrada. Es cierto, no siempre lo consigo. Y conforme pasa el tiempo, es mucho más complicado. Por eso, la tarea de crear y también de editar el contenido, tiene que ser lo más sencilla, amigable y factible posible.

Llevo tiempo pensando en qué cosas son importantes para mí cuando leo un blog de otra persona y en realidad, lo que más me gusta es que el contenido tenga un propósito, que me ayude a responder una pregunta, que me aclare alguna duda o que me guste tanto que provoque algo emocional en mí. Necesito que el contenido que leo genere interés en mí y por eso, ése es el objetivo que intento seguir en este blog.

He intentado buscar una palabra que aúne toda esta idea del contenido útil, compartible, emocional y de valor y la única palabra que se me ha ocurrido ha sido “consistente”. Porque algo que tiene consistencia, según la RAE, es estable, coherente y no desaparece fácilmente. Me parece que es una palabra más que adecuada para referirnos a cómo debería ser el contenido de un blog, ¿no lo crees tú?

crear-contenido-consistente

Por eso, hoy te traigo 5 pasos para crear y editar contenido consistente en tu blog. ¡Espero que te sirvan!

1. La importancia del propósito:

Antes de plantearte escribir una sola palabra, tienes que tener claro el propósito de lo que vas a escribir. En el caso de los blogs, tienes que tener claro el propósito de tu post. Tienes que intentar redactar con un objetivo final. Este planteamiento ayuda mucho a la hora de escribir títulos (ya que si se hace bien, los títulos pueden describir el propósito del post) o, en el momento de editar, puede ayudarte a resumir y a eliminar cosas que no son importantes para el objetivo.

2. La importancia de la estructura:

Soy muy obsesiva de la estructura y por eso, casi todos mis posts, son en forma de lista con una sucesión clara de números y una división muy concisa entre los subtítulos y los párrafos. Me gusta así y creo que facilita mucho la lectura, que hace las aproximadamente 1000 palabras que suelen ocupar mis textos, mucho más cómodas y asequibles de leer (porque seamos realistas, hoy en día que alguien se pare a leer un post hasta el final, es un verdadero logro). Así que además de que la estructura me facilita mucho el trabajo a la hora de escribir, también facilita a mis lectores a la hora de leer. Lo cual, es casi más importante que lo primero.

Por tanto, una de las cosas que tienes que hacer, después de definir el propósito final de tu texto y sobre todo, antes de ponerte a escribir, es darle una estructura.

3. Tu lector ideal:

Ya hablamos de lo importante que era encontrar un lector cualitativo al que le interesara nuestro contenido para crear un blog. Escribir en base a un target que tiene características e intereses comunes, es mucho más fácil que escribir al mundo en general. Si todavía no lo has hecho, recuerda: para que tu contenido sea consistente, tienes que definir a tu lector ideal.

4. Las 5Cs del contenido:

Leí en un artículo de una revista anglosajona que para que un contenido mereciera realmente la pena y fuera realmente consistente, tenía que estar basado en una regla que incluía 5 Cs:

  • Claro: vocabulario sencillo, frases cortas e ideas limpias.
  • Correcto: un texto con faltas de ortografía o errores gramaticales se hace muy pesado de leer.
  • Conciso: tienes un objetivo, tienes una estructura, pues ve al grano. Nada de irte por las ramas.
  • Compartible: tu texto tiene que ser fácil de compartir. Y esto no se refiere a formas fáciles de compartirlo en redes sociales, sino en transmitir un mensaje que despierte en alguien que lea la necesidad de compartirlo con otros.
  • Consistente: por supuesto, el texto tiene que ser coherente, tiene que tener un sentido, tiene que ser estable.

Redactar tu contenido teniendo en cuenta estas 5 Cs puede ayudarte a priorizar las ideas, a estructurarlo y, a la hora de editar, a quedarte sólo con aquello que las cumpla.

5. Busca siempre la máxima productividad:

La productividad nos ayuda a poder aprovechar mejor el tiempo en el desempeño de cualquier tarea. En el caso de un blog, es muy complicado sentarse a escribir y ser capaz de tener nuestro próximo post listo en 10 minutos (al menos, no un post de calidad y consistente como el que estamos buscando). Por eso, aquí van algunos consejos de productividad, que pueden ayudarte en la labor de crear un contenido de valor.

  • Evita las distracciones: cuando te sientes a escribir, intenta sólo escribir.
  • Establece tu propio horario: intenta crear el hábito de la escritura en ti, de tal forma que cumplas un horario adaptado a tus necesidades y a tu propio tiempo.
  • Realiza esquemas previos: realizar esquemas en papel previos a la escritura en el editor de tu blog, te facilitará la vida enormemente.
  • Escribe primero todo, edita después: ir escribiendo y editando puede convertirse en una espiral en la que nada de lo que creas te gusta y no haces más que volver hacia atrás una y otra vez en vez de avanzar. Por eso, lo mejor es que te olvides de la edición hasta que hayas puesto el punto y final a tu post.
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